El legionario que se enfrentó al Ejército, víctima de amenazas e insultos

El militar que dijo la verdad a los investigadores sobre la muerte de Alejandro Jiménez Cruz, sigue de baja médica por la situación de vacío a la que le han sometido sus compañeros
Alejando, el joven caballero legionario que perdió la vida en el Campo de Maniobras de Agost | La Legión Española

El cuerpo de Alejandro Jiménez Cruz yacía en el suelo ensangrentado después de que una bala, de origen desconocido en ese instante, le alcanzase durante unas maniobras de fuego real. Su íntimo amigo que responde a las iniciales F.J.P., rompía a llorar cuando el sargento S.A.G.P. se giró hacia él y le ordenó: «No llores como un maricón, que tú has venido a la Legión a esto, a morir. Si te da miedo vete a trabajar al Mercadona».

Medio año después, las investigaciones han concluido que fue ese sargento el que disparó la bala que mató a Alejandro, un joven mallorquín de 22 años que perdió la vida en un campo militar. Por su parte, después de ese trágico suceso, F.J.P. ha sufrido acoso por parte de sus compañeros y de sus superiores, hasta el punto de tener que pedir la baja laboral y abandonar el Ejército de Tierra.

La verdad

Los compañeros de F.J.P. empezaron a hacerle el vacío por haber dicho la verdad. La primera mentira del capitán fue declarar que él se encontraba en el campo cuando Alejandro fue abatido, lo cual no era cierto. El capitán en ese momento se encontraba en otra base cogiendo munición. De hecho, fue un teniente el que le avisó por walkie de que «hay un accidente real y tiene muy mala pinta».

Cuando el capitán llego al lugar de los hechos, se dirigió a sus subordinados de tal manera: «A mí me va a caer un puro muy grande. Yo sé que dentro de tres meses me voy a ir de la compañía. Me mandarán a alguna oficina. Vosotros no sois culpables de esto. Ha sido un accidente y no voy a permitir que nadie os inculpe y os destroce la vida. Decid absolutamente la verdad. Pero no le digáis a la Guardia Civil que consolidasteis a vuestro pelotón arriba. Decid que estabais unos cuatro o cinco metros más abajo». Es decir, «decid absolutamente la verdad», pero «no le digáis a la Guardia Civil la verdad».

A partir de entonces, F.J.P., el íntimo amigo de Alejandro, comenzó a sufrir un acoso constante por parte de sus compañeros, cuando recibió una llamada de la Guardia Civil que le estaban intentando localizar. En ese momento, su compañero, el Legionario R., le arrancó el teléfono de las manos, lo tiró al suelo y le llamó gilipollas.

Después de una reunión y de varios actos de acoso hacia F.J.P., fueron a un bar a comer y ninguno de los compañeros le dirigía la palabra. El sargento S.A.G.P. le dijo: «Vas a meter en un lío al capitán. Le vas a arruinar la vida. Eres un cobarde y un maricón. ¿También vas a chivarte de que soy un facha?».

El vacío absoluto

Los nervios se complicaron el día que tocaba otro ejercicio de fuego real y a F.J.P. le tocaba participar, pero con la desventaja de que todos los compañeros estaban en su contra. Fue en ese instante cuando F.J.P. se dirigió a superiores de mayor rango que el capitán para hacerles saber que se encontraba en una situación de absoluta angustia y ansiedad. Un Teniente Coronel le atendió con más corrección y le sugirió que fuese a enfermería a por una pastilla y le recomendó irse para casa.

Esa misma noche, F.J.P. estaba siendo eliminado de todos los grupos de Whatsapp de la Legión. Por su parte, no se arrepiente de sus hechos: «Yo lo único que hice fue cumplir con mi deber, que es decir la verdad. Eso es la legión, valores de honestidad y lealtad en los que siempre has creído».

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