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Un padre y su hijo sobrevivieron a cinco campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial

Ni Buchenwald, ni Auschwitz, ni la resistencia de los presos contra las SS, ni las marchas de la muerte, ni Mauthausen, ni Mittelbau-Dora, ni tan siquiera Bergen-Belsen acabaron con sus esperanzas
Campo de concentración de Mauthausen, uno por los que pasaron padre e hijo, y sobrevivieron | Cedida

 

Como si se tratara de un milagro, Fritz y Gustav Kleinmann no se separaron ni si quiera, durante el holocausto. Esto que vas a leer a continuación es una de esas típicas historias extraordinarias que ponen el bello de punta a cualquiera.

Nada menos que cinco campos de concentración fueron los que padre e hijo lograron resistir. Ni la vida bajo la ocupación nazi, ni Buchenwald, ni Auschwitz, ni la resistencia de los presos contra las SS, ni las marchas de la muerte, ni Mauthausen, ni Mittelbau-Dora, ni tan siquiera Bergen-Belsen... pudieron separar a estos dos afortunados.

«No hubo otro padre e hijo que pasaran por todo el infierno juntos, de principio a fin», explica Jeremy, quien asegura que no conoce otro caso de dos familiares que hayan estado en más de dos campos, y que, además de sobrevivir, se mantuvieran juntos todo el tiempo.

Se suele decir que nuestros pensamientos dirigen nuestras vidas, pues así fue, al menos en el caso de Fritz, un joven austriaco de 18 años, quien tenía clara una cosa: «Quiero estar con mi padre pase lo que pase. No puedo seguir viviendo sin él».

Y es que Gustav, su padre, era el único familiar que le quedaba ya que su madre, Tini, y su hermana, Herta, fueron deportadas a otro campo en Bielorrusia, y cruelmente asesinadas junto con otros mil judíos. Los otros dos hermanos, Kurt y Edith, huyeron a América y Reino Unido salvando sus vidas.

Todo empezó en Viena, 1939

Miles de personas perecieron bajo los trabajos forzosos y asesinatos perpetrados por el ejército nazi | Imagen de: WikImages.

 

Su infierno empezó en septiembre de 1939 cuando Fritz y Gustav fueron detenidos en Viena, donde vivía la familia. Pocos días después fueron trasladados a uno de los mayores centros penitenciarios de Alemania, Buchenwald.

Allí, el padre contrajo disentería y a punto de morir tuvo claro que, tal como escribió en su libreta, su pequeño era el motivo por el que no podía dejar este mundo. «El chico es mi mayor alegría. Nos damos fuerzas el uno al otro. Somos uno, inseparables», explicaba.

Sin embargo, el momento más duro y crítico fue su paso por Auschwitz donde, gracias a los trabajos forzados de albañilería que les tocó realizar para construir el subcampo de Monowitz, lograron salvarse de una muerte segura. De allí debían trasladarse al campo de Mauthausen. Este fue el único momento en el que padre e hijo estuvieron separados y el padre, que se encontraba al límite, estuvo a punto de rendirse.

Lograron escapar

El hijo, sin embargo, había ingeniado un plan para huir, pero no era capaz de dejar a su progenitor atrás después de tanto tiempo. Este le dijo que lo intentase, no podía permitir dejar morir a su padre .

De este modo consiguen escapar del cruel infierno que les tocó vivir. Sintieron en sus propias carnes las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial y aun así superaron todos los obstáculos, y lo consiguieron sanos, salvos y, sobretodo, juntos.

La historia es tan impresionante que el escritor Jeremy Dronfield quiso recogerla en la novela 'El chico que siguió a su padre hasta Auschwitz' (Planeta, 2019). «Se me preguntó si podía contribuir a traducir el diario de Fritz. Es un documento muy valioso pero es difícil de leer y no logramos encontrar editor. Pese a todo, sentí que era una historia muy importante y que tenía que contarse, así que decidí hacerlo yo de forma novelada», confiesa.