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Muere Vincent Lambert, símbolo del debate sobre la muerte digna en Francia

Fue desconectado de la alimentación e hidratación tras más de una década en estado vegetativo
Lambert era el símbolo del debate en torno a la muerte digna y mantenía enfrentada a su propia familia | EFE

 

Vincent Lambert ha fallecido. El hombre, de origen francés y de 42 años, era tetrapléjico y se encontraba en estado vegetativo desde hace más de una década tras sufrir un accidente, finalmente ha fallecido este jueves, nueve días después de que el equipo médico del hospital de Reims iniciara el protocolo para retirarle la alimentación e hidratación artificiales, según informaron los medios franceses.

Lambert ha fallecido tras retirarle la alimentación

El caso de Lambert se había convertido en Francia en símbolo del debate en torno a la muerte digna y mantenía enfrentada a su propia familia: sus padres, fervientes católicos, han luchado por que se mantuviera su tratamiento y su mujer y tutora legal, Rachel Lambert, era contraria al ensañamiento terapéutico.

No obstante, tras años de batalla judicial ante la ausencia de testamento vital que reflejara su voluntad, los padres, Viviane y Pierre, habían aceptado este lunes su muerte como algo inevitable y anunciaron que no iban a presentar nuevos recursos, tras una larga lucha en la que se oponían ante lo que creían que era una «eutanasia encubierta».

Sus padres presentaron el caso ante la ONU

Según indican en ‘La Sexta’ y en ‘El País’, Lambert era enfermero de profesión y quedó tetrapléjico tras un accidente de tráfico en 2008, años más tarde, sin que hubiera mejora, su estado era vegetativo. A pesar de que la Justicia francesa daba la razón a su mujer, sus padres presentaron varios recursos, hasta agotar todas las opciones disponibles e incluso presentando el caso ante las Naciones Unidas.

La eutanasia en Francia no es legal, pero es posible dejar morir a una persona que se encuentre en un estado irrecuperable, según la Ley Leonetti de 2005, en la que en 2006 se incluyó la «sedación profunda y continuada» para que el paciente no sufra hasta el momento de su muerte. En esta ley se establece que los cuidados médicos «no deben prolongarse con una obstinación irrazonable» y, además, estos «pueden suspenderse o no emprenderse» en el momento en que parezcan «inútiles, desproporcionados o sin otro efecto que el mantenimiento artificial de la vida».