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Incestos, emparedados y fantasmas: la leyenda que envuelve el Palacio de Linares

Según las creencias, dentro de este edificio vive el fantasma de una niña llamada Raimunda
El Palacio de Linares, ¿la casa encantada más famosa de España? | Facebook Casa de América

 

En 1988, el Ayuntamiento de Madrid compró la antigua casa del Marqués de Linares. El palacio, construido en 1873, llevaba medio siglo abandonado, y se estaba haciendo planes para instalar la sede de la Casa de América de la capital española.

Sin embargo, en la actualidad, el Palacio de Linares es más conocido por las leyendas que hay alrededor de él, pues tiene fama de ser una casa encantada en la que las puertas se cierran de golpe, se oyen pasos y gemidos, y se afirma que allí vive un peculiar fantasma con nombre propio: Raimunda.

 

El origen del edificio

Ubicado en el corazón de Madrid, el Palacio de Linares se levanta entre el paseo de Recoletos y la calle de Alcalá. En 1877, fue mandado levantar por José de Murga y Reolid y Raimunda de Osorio y Ortega, los primeros marqueses de Linares y primeros vizcondes de Llanteno. Por el nombre de él, el palacio también fue conocido durante mucho tiempo como Palacio de Murga.

A la muerte del matrimonio, el Palacio fue a parar a la ahijada de ambos, Raimunda Avecilla y Aguado, condesa de Villapadierna, y después pasó por diferentes manos, tanto públicas como privadas. Sin embargo, fue cerrado a cal y canto, y esto permitió que la majestuosidad de su interior, su mobiliario y demás permaneciese casi intacto, como si no hubiese pasado el tiempo allí.

 

 

¿Quién es el fantasma del Palacio de Linares?

El fantasma del Palacio de Linares responde al nombre de Raimunda, y se identifica como una hija que tuvieron los marqueses, cuya vida era digna de un culebrón. Al parecer, cuando José de Murga y Reolid le dijo a su padre que estaba enamorado de Raimunda de Osorio, este se opuso y se llevó a su hijo a estudiar a Londres.

Pero el amor entre ellos triunfó, a pesar de un gran inconvenientes: eran hermanos, pues Raimunda era fruto de un escarceo del padre de José con una cigarrera del barrio de Lavapiés. A pesar de esto, José y Raimunda consiguieron una bula papal para vivir juntos y en castidad. Una castidad que no se respetó, y según se cuenta, ella quedó embarazada de una niña a la que también llamaron Raimunda.

Un secreto que el mundo no podía conocer: el incesto no podía salir a la opinión pública, y para ocultarlo, emparedaron a la cría al poco de nacer. Otros dicen que la mataron cuando descubrieron su filiación sanguínea, y justifican su nacimiento diciendo que en el jardín hay una casa de muñecas que habría sido para ella.

Y aunque hay quien afirma que no nació niña alguna de aquel matrimonio, lo cierto es que en Madrid afirman que su fantasma vaga por las estancias del Palacio de Linares. Y la niña no estaría sola, pues también hay voces que señalan que allí permanece la esencia de sus progenitores, quizá atormentados por el acto tan terrible que cometieron.

 

La actividad paranormal en el Palacio de Linares

Durante la rehabilitación a finales de la década de 1980 del edificio (que reabrió al público en 1992) algunos de sus trabajadores afirmaron haber presenciado actividad paranormal. Fenómenos extraños que se producían sin que ninguna persona, al menos viva, los provocase. Se habla de pasos, puertas que se cierran, música de un órgano…

Desde entonces, muchos investigadores comenzaron a pasarse por allí para detectar presencia paranormal. La fama de lugar encantado se extiende por España en 1990, después de un artículo publicado por el diario El País, que hablaba de todo esto, así como de otros fenómenos como un descenso brusco de temperaturas, sombras y globos de luz que solo aparecen en fotografías, y «desgarradores lamentos y peticiones de perdón recogidos en grabadoras metidas dentro de cámaras aisladas».

Precisamente, las psicofonías del Palacio de Linares son las que nos desvelaron, en parte, que ese fantasma sería el de la niña Raimunda, pues en una de estas grabaciones se discernía una voz femenina que decía «¡Mamá, mamá! Yo no tengo mamá», y otras que encajaría con toda la leyenda de los marqueses hermanos, el incesto y el posterior asesinato. «Mi hija Raimunda, nunca, nunca, oí decir mamá» o «Fuera, fuera» son otras de las voces que captaron aquellas grabaciones.

Tras estas investigaciones estaba el famoso grupo Hepta, que fue allí a trabajar por petición del propio Ayuntamiento de Madrid para que analizase si allí sucedía algo que se pudiera escapar al razonamiento lógico. En el trabajo se incluían más de 200 fotografías con detalles extraños, imágenes que aún despiertan fascinación entre los estudiosos de lo que hay en el más allá.

 

Paloma Navarrete en el Palacio de Linares | Mediaset

 

Un fenómeno muy analizado en ‘Cuarto Milenio’

Entre los últimos años, destaca las investigaciones que allí ha hecho el periodista Íker Jiménez con sus programas tanto de radio,'Milenio 3', como en televisión, con 'Cuarto Milenio', de la cadena Cuatro.

En 2015, 'Cuarto Milenio' celebró el día de los difuntos con un programa especial desde el propio Palacio de Linares, que llenaron de cámaras y elementos de última tecnología que pudieran captar cualquier fenómeno que se saliera de lo habitual.

Entre otras, allí estuvo Paloma Navarrete, del antes citado grupo Hepta, y estuvo concentrada en la zona de la capilla. En el trance que vivió, promovido con una bola que ella usa como llave al otro mundo, aseguró ver a dos personas cerca de la puerta de la capilla. «Uno es identificable porque es el marqués, y el otro no lo he visto antes. Es mayor», decía Paloma. «Está muy enfadado el marqués, y le está diciendo al señor mayor, gritándole, que no va a hacer siempre lo que él quiera. No soy un niño y no estoy dispuesto». «Y el mayor le dijo no te quedará más remedio, harás lo que yo te diga y lo harás, porque yo soy quien te mantiene, osea, que debe ser su padre».

En otras ocasiones de las que el equipo del programa ha visitado el Palacio, alguno de los investigadores se ha quedado sin baterías en sus linternas, a pesar de haber cambiado poco antes las pilas, o se han negado a visitar algunas habitaciones por la mala vibración que recibían.