ESPAÑA DIARIO

Telegram : +34 639 048 422

E-Mail: info@espana-diario.es

PREVISIÓN SÁBADO

Día radiante y temperaturas muy agradables

Tolox, el pueblo de Málaga que enloqueció y en el que se despellejaron unos a otros

El padre José fundó allí la «secta de las cuatro columnas», más conocida como «los Iluminados de Tolox»
Tolox, el pueblo de Málaga que enloqueció y en el que se despellejaron unos a otros | España Diario

 

Se suele decir que la mente humana es fácilmente manipulable, sobre todo a través de las creencias religiosas. Y más cuando el predicador es más listo, y no lo es tanto el que recibe su mensaje. Solo así se puede explicar que en un pequeño pueblo de montaña de Málaga, Tolox, la llegada de un presunto sacerdote pusiese los cimientos de la localidad del revés, y en un ritual de pleno éxtasis acabasen arrancándose la piel los unos a los otros.

Hay que remontarse hasta el siglo XIX, más concretamente al año 1885, cuando un hombre que se hacía llamar a sí mismo el padre José acudió con un mensaje cristiano a la localidad. Junto a él llevaba la imagen de un Cristo a tamaño natural, del que no se conserva ningún vestigio, pero del que se suele afirmar que tenía un rostro que daba auténtico pavor a aquel que lo veía.

En realidad, José de padre tenía poco, y en realidad era un pillo, un preso fugado que pretendía hacer fortuna a través de la religión, y para ello se ganó la confianza de cuatro mujeres del pueblo, y junto a ellas formó lo que se conoció como la secta de las cuatro columnas.

El mensaje de la secta de las cuatro columnas era que milenarista: que el fin del mundo estaba cerca, había por ello que hacer penitencia y deshacerse de los bienes materiales. Como era de esperar, esos bienes iban a parar a manos del falso sacerdote.

 

El padre José tenía un Cristo que daba pavor al que miraba su rostro | España Diario

 

Una secta de actuación provincial

Su doctrina, como decimos, se basaba en el cristianismo, pero de un modo rebuscado y peculiar, y se apoyaba además en un libro llamado ‘El amante de Jesucristo’; aunque era un libro editado, a veces hay referencias a él como si fuese un manuscrito hecho por el propio padre José, el cual, como era de esperar, no operaba solo.

Y es que en Málaga capital, en el céntrico barrio de El Perchel, había una mujer apodada ‘La Santa’ que era quien manejaba esta y otras sectas, que tenían el mismo modus operandi por diferentes pueblos. Junto a José trabajaba otro hombre llamado Mateo, también apodado ‘El Santo’, que se reunía en habitaciones cerrada con los vecinos, que no eran muy numerosos, y los sugestionaba a través de la hipnosis.

 

Pronto todo el pueblo acabó formando parte de esta secta, que se conoce con el nombre de «los iluminados de Tolox», y así comenzaron a sucederse las apariciones de la Virgen y de diversos santos, que eran vistos por los tolitos.

 

Vista del pueblo de Tolox | España Diario

 

La gente se fanatizó de tal manera que desplazaron al padre José de su rol de líder, y este lo asumió una de las cuatro columnas, una de las cuatro vecinas que más miga hicieron con el falso cura. En concreto fue Micaela Merchán quien tomó las riendas de la secta, pero ella lo hacía fanatizada, cegada por la religión: ella no quería dinero ni engañar a nadie, y verdaderamente se sentía una elegida, casi la Virgen María.

 

La noche de los Iluminados

Un mal día, el 14 de marzo de 1886, Micaela convocó a los vecinos en la zona en la que ella vivía, en Rio Verde, alejada del casco histórico del pueblo, y decide que ya que el fin del mundo está cerca lo mejor es hacer un suicidio colectivo, para así aligerar el ascenso a los cielos.

Se hizo una gran hoguera y la gente comenzó a danzar alrededor de ella desnudos, haciendo señales al cielo, esperando una señal. El momento más trágico llegó cuando intentaron lanzar a las brasas a un niño de un año, y entonces, el padre José, vio cómo había perdido el control de todo aquello y decidió huir; sin embargo, hay algunos investigadores que apuntan a que él no estaba presente y que ya había abandonado el pueblo, carente del poder que primero tuvo.

 

Los iluminados de Tolox comenzaron a quemar sus casas, sus ropas, sus pertenencias, y a la hora de suicidarse con un puñal vieron que era algo muy doloroso. Entonces Micaela decidió que era mejor despellejarse, y comenzaron a arrancarse la piel y los cabellos los unos a los otros. Por suerte, todo aquello se paró con la llegada de la Guarcia Civil antes de que el suicidio colectivo se cometiese.

Este caso, también conocido como «los encuerichis de Tolox» ya que fueron hallados desnudos, se trata quizá del primer intento de suicidio colectivo documentado en España, así como el primer caso de fanatización de masas, así como del uso de la hipnosis, algo que en España era algo bastante desconocido. Y es que con este medio era como sugestionaban a los vecinos para formar parte de la secta.

 

¿Qué fue del padre José?

Hubo un juicio, pero no se juzgó al padre José, a Mateo o a Teresa, que era la mujer que desde Málaga coordinaba la secta y enviaba extrañas cartas a los vecinos de Tolox, casi crípticas. A quienes se sentó en el banquillo fue a las víctimas fanatizadas, que habían perdido todo en el gran incendio. Hubo multas, y alguno pasó por la cárcel varios días.

Del Padre José se dice que continuó por la provincia engañando a los vecinos, y sitúan sus últimos días en la pedanía de Daimalos, perteneciente al pueblo de Arenas. De hecho, existe una leyenda que habla de las ánimas de Daimalos y de un murete de la Iglesia en la que pasarían fenómenos paranormales, pues se oyen gritos y lamentos al anochecer.

Justo en ese lugar, la tradición dice que fue emparedado vivo un hombre que llegó la localidad haciéndose pasar por cura, y que fue acusado de robar en la iglesia y de abusar sexualmente de algunas mujeres. Un hombre que muchos identifican con el padre José, el de la secta de los Iluminados de Tolox.