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La Iglesia Palmariana, la secta que hizo santo a Franco

El «Papa Clemente» fundó una orden marcada por el escándalo
Basílica en el Palmar de Troya, dónde se ubica una de las sectas más importantes. | Imagen de: EFE.

 

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, las apariciones marianas estaban en pleno auge. Fenómenos como Fátima o Lourdes contaron con el beneplácito del Vaticano dieron por certeras las visitas de la madre de Jesús a la Tierra, siendo vista tan solo por algunos cuantos escogidos, en general, niños.

No era de extrañar que entonces surgiesen nuevas y presuntas apariciones de la Virgen María, y en España hubo casos que tuvieron cierta relevancia (pese a que la Iglesia nunca los dio por buenos), como las de Garabandal en el País Vasco, o las del Palmar de Troya, en Sevilla. Ambas tienen en común que llamaron la atención de fieles de todo el mundo, pero en el caso del Palmar, la cosa adquirió un cariz único y peculiar.

Y es que esta pedanía acabó fundando su propia religión, la orden de los Carmelitas de la Santa Faz, que acabó convirtiendo en santo a figuras políticas como Carrero Blanco, José Antonio Primo de Rivera, o a Francisco Franco, que ahora convertido en San Francisco Franco custodia una enorme catedral en los terrenos en los que según dicen se apareció nuestra señora.

 

El origen de las apariciones de El Palmar de Troya

El 30 de marzo de 1968, Ana García, Rafaela Gordo, Ana Aguilera y Josefa Guzmán, cuatro niñas, afirmaron haber visto a la Virgen María sobre un arbusto, en una finca conocida como La Alcaparrosa, a un kilómetro de El Palmar de Troya, perteneciente a la localidad de Utrera.

Esperando quizá que se convirtiese en un nuevo enclave milagroso como Fátima, miles de personas comenzaron a acudir a la zona a rezar, entre ellos, algunos videntes como Rosario Arenillas, María Marín o María Luisa Vila, que afirmaban recibir mensajes de Nuestra Señora.

Pronto los adultos desplazaron a las niñas y se hicieron valedores de los mensajes marianos, y entre todos, destacaron los nombres de Clemente Domínguez y Manuel Alonso Corral, una pareja sentimental con una gran visión para los negocios. De hecho, comenzaron a frecuentar la zona vendiendo estampas, hasta que Clemente afirmó también recibir mensajes marianos. Nacido en Sevilla el 23 de abril de 1946, Clemente procedía de un hogar en el que había fuertes creencias cristianas. Su madre, de hecho deseaba que su hijo fuese sacerdote.

Se fecha el 30 de septiembre de 1969 como el día de la primera visión de Clemente, que se acabó por convertir en el vidente más reputado de dicha zona. Sus mensajes invitan a la oración y a la penitencia, y denuncian la herejía y el progresismo que estaría atacando a la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Entre otras, afirmaba ver a la Divina Pastora, la Virgen del Carmen o la Virgen de Lourdes.

 

Cómo se convirtió en el papa Clemente

Aunque Clemente afirmaba entrar en éxtasis, sufrir estigmas o recibir numerosos, la jerarquía eclesiástica local condena arbitrariamente el Palmar de Troya. Pese a ello, Clemente fundó la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz, y en 1972 recibe un donativo de una anciana baronesa que sirvió para comprar la finca de las apariciones.

Clemente es ordenado sacerdote y posteriormente obipos por un arzobispo vitnamita al que convence de ser un elegido de Dios. En 1976 Clemente queda ciego en un accidente de tráfico, y cuando el papa Pablo VI fallece, él se autoproclama papa con el nombre de Gregorio XVII, en agosto de 1978. Afirma ser el segundo papa elegido directamente por Dios tras San Pedro, y se separó oficialmente de Roma, la cual ya le había excomulgado, y suspendido del sacerdocio.

 

Restablece los valores más antiguos del catolicismo, como el rito tridentino de la misa, y ordena numerosos cardenales. Es en esta época en la que la Iglesia del Palmar de Troya sube a los altares a sus propios santos, tales como los citados Francisco Franco, Primo de Rivera, Carrero Blanco, don Pelayo o Cristóbal Colón.

Las salidas de tono del papa Clemente fueron una constante, y lo mismo llamaba masón al papa Juan Pablo II que «ramera» a Santa Teresa de Jesús. Tanto es así que parte de sus adeptos creyeron que el demonio se estaba haciendo con el control del Palmar, salieron de allí y se asentaron en Archidona, Málaga, como una escisión palmariana.

 

Ginés Jesús Hernández el ex papa de El Palmar de Troya | Cedida

 

Una secta rodeada por el escándalo

La Iglesia Palmariana, considerada una secta, ha vivido numerosos escándalos ya desde el principio. Entre otros asuntos, no permitía a sus fieles tener contactos con sus familias, y en 2016 la Fiscalía comenzó a investigar el aislamiento que sufren los niños que profesan esta religión.

A eso le sumamos los escándalos por abusos sexuales, pues Clemente no hacía voto de castidad, sino que mantenía sexo con otros hombres y vivía fiestas donde había alcohol a mansalva, tal como denunció el padre Guido, que abandonó la Iglesia tras más de 40 años perteneciendo a ella.

Entre otras, se acusa a la secta del Palmar de Troya de lavados de cerebro, separación de familias, muertes en soledad, abusos sexuales y un largo etcétera.

Una de las historias más rocambolescas la protagonizó a inicio de los 80 José Andrés del Valle, un novicio del Palmar de familia cubana que un buen día se cortó los testículos y los tiró por el inodoro, se mutiló el pene y se clavó púas en los ojos.

 

Clemente murió en 2005, y le sucedió como papa Manuel Alonso, que se llamó a sí mismo Pedro II. Luego llegaría Gregorio XVIII, que abandonó la secta porque se enamoró de una mujer, con la que posó desnudo en Interviú. Tras él, llegaría Pedro III, nombre religioso del suizo Joseph Odermatt, que tachó de «bestia maldita» a su predecesor. Como era de esperar, tanto Gregorio XVII como Pedro II son ahora santos, al igual que Franco.

En la actualidad, hay muchas voces que apuntan que esta secta agoniza, que ya no tiene fieles, ni el dinero de antaño. Otros, sin embargo, señalan que aún guarda una gran fortuna en pisos comprados por toda Sevilla, fruto de donaciones, así como una enorme riqueza en patrimonio, pues cuenta con pasos de Semana Santa que calcan procesiones de Málaga o Sevilla capital, y que en concreto uno de ellos está hecho con siete toneladas de plata pura.

 

La iglesia palmariana de los Carmelitas de la Santa Faz, en Utrera, Sevilla | EFE

 

El Palmar de Troya en el cine

En los años 80, Javier Palmero dirigió ‘Manuel y Clemente’, en la que Juan Jesús Valverde y Ángel de Andrés López encarnan a este par de pillos que lograron seducir a cientos de personas de gran fe cristiana.

En clave costumbrista pero sin caer en la comedia, recoge algunos momentos hilarantes, como Clemente diseñando cómo entrará en éxtasis en un momento dado, o cómo se provocaba él mismo los estigmas.

También está la cinta de 1984 ‘Las de Troya en el Palmar’, con Cassen, Nadiuska, Máximo Valverde, Gracita Morales y Paloma Hurtado, y narra con humor cómo un bombero torero decide llevar a su hermano discapacitado al Palmar de Troya esperando un milagro.

Hablando de milagros, entre los mensajes que dio Clemente destacaba que en el año 1992 uno le curaría su ceguera; y como era de esperar, murió sin recuperar la visión.