Emerlinda, de 105 años, ha retomado sus estudios de primaria

La mujer ha asegurado que se siente, como mucho, de 60 años
Ermelinda está estudiando primaria a sus 105 años | España Diario

 

Nunca es tarde para estudiar. Así queda demostrado al ver a Ermelinda, una mujer de 105 años y natural de Argentina, que pasados ya los tres dígitos de edad se ha propuesto cumplir todos sus sueños que no pudo lograr de niña: estudiar educación primaria.

Ermelinda aseguró en una entrevista para ‘Clarín’ que no siente la edad que tiene: «Si hay que poner un número diría que, como mucho, me siento de 60». Además, es una mujer que «no puede estar sin hacer nada» por lo que ha decidido retomar los estudios que no pudo realizar pues la pusieron a trabajar, a los seis años sus tareas consistían en «pasear a los terneros, ordeñar las vacas y prensar queso» y así sacar adelante a su familia.

Nunca es tarde para cumplir tus sueños

La historia de esta anciana de 105 años que no se rinde ha dado la vuelta al mundo. Nunca es tarde para cumplir los sueños. Ermelinda siempre quiso poder llegar a la universidad, a pesar de que en ese entonces era muy difícil el acceso para las mujeres. Sin embargo, su madre le enseñó a leer y a escribir para que la pequeña pudiera ir aprendiendo de forma autodidacta.

Desde niña, Ermelinda siempre quiso poder ir a la universidad | España Diario

 

Ahora de mayor, Ermerlinda tiene «días y días» y confiesa que «a veces escribe sin problemas, pero hay otros en los que no puede agarrar el lápiz». También lamenta que en este último año la memoria no le funciona tan bien: «De noche vuelve y me acuerdo de todo. Pero me despierto y ya no está. Me pone mal no recordar». A pesar de estos pequeños despistes, la mujer no se rinde y continua adelante con su propósito de estudiar primaria.

Ermerlinda da clases dos días por semana junto a otros compañeros que son entre 15 y 25 años más jóvenes que ella y realizan varias actividades entre las que estudian, leen en voz alta, escriben breves relatos y poesías, pintan o hacen sopas de letras. Pero además, los alumnos también aprenden a cocinar y tienen clases de educación física, las favoritas de Ermelinda porque puede bailar rancheras y twist como en su juventud, aunque no pueda «levantar la pata como antes».

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