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Enriqueta Martí: la vampira de Barcelona que prostituía y asesinaba niños

Su historia es similar a la de otros sacamantecas: mataba para hacer cremas mágicas con la grasa
Enriqueta Martí, la Vampira del Raval | Redacción

 

Dentro de la crónica negra, muchos asesinos reciben un apodo asociado a una figura fantástica, a algún ser villano de procedencia paranormal. Así, por su forma de matar, a Manuel Romasanta es el conocido como 'hombre lobo español', o Albert Fish el 'vampiro de Brooklyn'. En Barcelona, el barrio del Raval tuvo su propia vampira, que en realidad no lo era tanto, y que respondía al nombre de Enriqueta Martí.

Un nombre que debería dar miedo, teniendo en cuenta de que las víctimas predilectas de esta asesina eran los seres más indefensos: los niños, a los cuales raptaba, prostituía y mataba, para hacer con sus restos pócimas medicinales. Pero empecemos por el principio.

Unos orígenes humildes

Enriqueta Martì i Ripolles nace a mediados del siglo XIX, en concreto, en el año 1868. Su ciudad de origen fue Sant Feliu de Llobregat, un pequeño pueblo a unos diez kilómetros de Barcelona, y su familia era de lo más humilde, pero también problemática. Su madre trabaja como empleada de la limpieza, e intenta mantener como puede un hogar cuyo cabeza de familia era un hombre alcohólico.

Enriqueta comienza a trabajar cuando se muda a Barcelona, y su primer oficio conocido fue el de niñera, y según se afirma, era respetada y querida por los niños a los que criaba. Su historia, en principio, no tiene nada que ver con la de británica Mary Bell, 'la niñera estranguladora' que sembró el terror en Reino Unido justo un singlo después.

 

Pronto Enriqueta piensa que podría ganar más dinero dedicándose a la prostitución. Con 20 años se casa con un artista, Joan Pujalò, pero las obras de este pintor no tenían ningún éxito y no pudo dejar de ejercer el burdeles por la noche; por el día, sin embargo, pedía limosnas, y aprovechando su rol de mendiga aprovechaba para secuestrar niños.

Tenía don de gentes, y comenzó a frecuentar hombres añadiendo una nueva línea en su currículo: se presentaba como curandera, y así, se lanza a fabricar sus propias cremas. Pociones casi milagrosas, con la capacidad de curar todo mal, y que realizaba sin revelar nunca su composición.

 

La Rambla del Raval | Fons Ragon-AMAT

 

El por qué de su apodo

A principios del siglo XX España vivía un periodo especialmente difícil, y esto permitió que Enriqueta pudiese actuar a sus anchas, pues las investigaciones entonces eran bastante lentas. Y es que esos filtros y cremas que Enriqueta vendía estaba hecha con grasa de niños, las conocidas popularmente como mantecas.

En aquella época muchos niños desaparecían, y eran secuestrados y esclavizados en fábricas destartaladas. En el caso de Enriqueta, montó un burdel donde prostituía a los niños; luego los mataba, y se bebía su sangre, de ahí su apodo de la vampira del Raval, o la vampira de Barcelona. Como Erzsébet Báthory, la condesa que sirvió a Bram Stoker para crear Drácula, creía que el líquido rojo permitía a quien lo bebiese mantener la eterna juventud.

 

Se dice que practicaba brujería, y en sus cremas empleaba restos de los niños a los que daba muerte, que podían ser bebés pequeños hasta niños de 9 años. Usaba su grasa, su sangre, sus cabellos; sus huesos, además, los pulverizaba, lo que le permitía hacer dinero a la vez que se deshacía de las pruebas de sus crímenes.

En su oferta de productos, se podía encontrar ungüentos, pomadas, filtros, cataplasmas y pociones, especialmente para tratar la tuberculosis, una enfermedad muy temida y que estaba detrás de otras desapariciones y asesinatos de niños; los ricos pagaban grandes sumas de dinero por esos remedios, a pesar de saber o sospechar su procedencia.

De hecho, fue la gente poderosa de la ciudad condal quienes dieron la cara por ella tras su primera detención en 1909. Pero esto no achantó a la vampira, que siguió al acecho de nuevas víctimas.

El 10 de febrero de 1912, una niña de 5 años desaparece. Se trata de Teresita Guitart Congost, y durante dos semanas se la busca día y noche. No es la única desaparición, su nombre se sumaba al de otros niños, en un momento en el que la policía no se preocupaba demasiado por los menores.

El 27 de febrero del mismo año, una mujer, Claudia Elías, da la voz de alarma tras ver a una niña desconocida frente a la ventana de una casa en la Calle Poniente, y piensa que podría ser la pequeña desaparecida.

Como era de esperar, se trataba de la casa de Enriqueta Martì, quien accedió a que registrasen su vivienda para no levantar sospechas. En la vivienda además de Teresita fue encontrada viva otra niña que fue secuestrada cuando era una recién nacida, y que se presentaba a sí misma como Angelita, hija de Enriqueta. Además hablaron de un tercer niño, Pepito, que un día fue asesinado por Enriqueta en la mesa del comedor.

En aquella casa infernal se encontraron más de 12 cadáveres y un laboratorio repleto de restos humanos, el lugar donde realizaba sus pócimas. Entonces Enriqueta fue arrestada y condenada a cadena perpetua, aunque la perpetuidad fue bastante corta para ella, pues moría un año después sin que quede del todo aclarada la razón de su defunción.

 

El final de la vampira

Es difícil estimar cuántas fueron las víctimas oficiales que murieron a manos de Enriqueta Martí a lo largo de dos décadas: hay historiadores que cifran los pequeños asesinados en 40, otros que fueron poco más de una decena sus crímenes. Lamentablemente, el tiempo ha borrado las huellas de esta historia, y la vampira de Barcelona se llevó a la tumba el secreto de cuántos niños mató. Tampoco dijo el nombre de los pedófilos a los que procuraba niños, si bien admitió haberlo hecho.

Y es que Enriqueta nunca fue juzgada, no le dio tiempo. Murió en mayo de 1913, un año y tres meses después de su detención. La versión oficial dice que murió de una larga enfermedad, quizá cáncer, algo que no sería de extrañar dada la vida que llevó.

Sin embargo, lo que se suele decir es que murió en un linchamiento en la prisión, a mano de sus compañeras; la llamada vulgarmente ley de la cárcel que dice que en prisión no se respeta ni a terroristas, ni violadores ni pederastas. Su cadáver fue depositado en una fosa común, en el Cementerio del Sudoeste de Montjuïc, en Barcelona.

 

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