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Velas, aceite y oraciones: el fervoroso culto hacia las ánimas benditas

Descubre qué son y en qué lugares se les tiene mayor devoción
Alma en pena: Todo sobre las ánimas benditas del purgatorio | ESPAÑADIARIO

 

Dentro de la religión cristiana está permitido encomendarse, más allá de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo a multitud de personas difuntas para que hagan de intercesores para lograr un bien. Así, se puede rezar a la Virgen María, a multitud de santos y beatos, personas venerables que algún día alcanzarán la santidad… O incluso a las ánimas benditas del purgatorio, esas que habitualmente se representan junto a la Virgen del Carmen, con caras de sufrimiento, pagando los pecados que cometieron en vida.

El culto a las ánimas benditas es muy frecuente en España y también en otras zonas de América Latina. Entre otros lugares, destacaría Adra, en Almería, aunque antes de adentrarnos en su culto, explicaremos qué son esas ánimas benditas, y qué entiende la iglesia como purgatorio.

 

¿Qué es el purgatorio? ¿Qué son las ánimas benditas?

Al morir, los creyentes en el cristianismo pueden ir al Cielo, si es que han sido personas justas, o al Infierno, si es que se entregaron durante su vida al pecado. Y luego habría un tercer estado, aceptado durante siglos, conocido como purgatorio.

El purgatorio fue definido por Santo Tomás, doctor de la Iglesia, como 'el infierno, de menos duración' y allí se encontrarían las almas de las personas que obraron bien, pero que murieron sin haber hecho las cuentas con Dios.

Se suele representar como una zona llena de fuego, con personas sufriendo por haber ofendido al creador durante sus años en la tierra; de hecho, se dice que allí reviven todos esos momentos en los que obraron mal y entristecieron al Señor.

 

Para que esas ánimas benditas puedan salir del purgatorio hay que ofrecerles rezos, así como lamparillas y velas para que alcancen esa luz que se les resiste.

Aunque es un dogma que se ha aceptado durante muchísimo tiempo, y de hecho, es frecuente ver en numerosos templos cuadros de la Virgen del Carmen junto a las ánimas benditas, el papa Benedicto XVI revolucionó la Iglesia Católica al negar su existencia como tal.

De hecho, lo catalogó no como un lugar del espacio «sino un fuego interior, que purifica el alma del pecado» y que solo es parte de la «experiencia interior del hombre en su camino hacia la eternidad». Algo que continuaba lo que el Vaticano señaló, bajo su pontificado, en 2005: que tampoco existía el limbo, donde presuntamente iban los niños pequeños que morían antes de ser bautizados.

 

 

El culto a las ánimas benditas

Una de las formas más recurrentes de dar culto a las ánimas benditas es para pedir que te despierten a alguna hora determinada. Así, habría que rezar siete padrenuestros y siete avemarías, y a la hora deseada, estas almas que aún no han llegado al cielo te despertarán. Después habría que rezar otra vez la misma cantidad de oraciones, lo cual permitiría alcanzar la luz a siete ánimas benditas.

Sin duda, destacaría en España, como hemos mencionado, el culto que se tiene a las ánimas benditas en la localidad de Adra. Allí hay una ermita dedicada a ellas, y se dice que a media noche, las mismas vagan por la ciudad, en especial por los alrededores de la Rambla de las cruces.

 

Esta procesión de ánimas benditas se conoce como el Santo Entierro, y es similar a otras leyendas como la de la Santa Compaña de Galicia; sería un cortejo de almas en pena que rezarían por sus pecados, y si te cruzas con ella, no debes mirarlas a la cara, y continuar tu camino, sin molestar ni interrumpir el cortejo. A veces se menciona que esas ánimas sacarían en procesión la imagen de un Cristo.

 

 

Un gran fervor en Adra y otros puntos de España

El culto a las ánimas benditas de Adra procede de la Edad Moderna, y durante el siglo XIX, una cofradía, cuyos fieles vestían de negro, se dedicaban a pedir dinero puerta a puerta para el descanso de las mismas. En definitiva, se interpretaba como un sacrificio por parte de los vivos que se lleva a cabo por el descanso de los muertos.

En la actualidad, cada día, un centenar de personas acude a la citada capilla a orar por las ánimas, a las que se piden todo tipo de favores, a cambio de cumplir una promesa que habrá que cumplir sí o sí. De no hacerlo, la desgracia podría llegar a tu vida, o incluso, hay voces que apuntan que las ánimas provocarían tu puerte.

 

Esa promesa puede ser el colocar cirios que les guíen hacia la luz, o entregar como ofrendas garrafas de aceite, que ayudaría a mantener viva la llamada de las velas.

La tradición de entregar aceite a las ánimas benditas se extiende a otros puntos de España. En Málaga, por ejemplo, se recogen al año cientos de litros de aceite en ante el cuadro de la Virgen del Carmen de la Iglesia de Santiago, la misma en la que fue bautizado Picasso. Ese aceite es repartido después, por la misma iglesia, a centros benéficos y comedores sociales, que lo emplean en alimentar a los más necesitados.

 

En la misma localidad, Málaga, era famoso el culto a las conocidas como ánimas negras en el antiguo cementerio de San Miguel, a las que se rendía culto en un cuadro de la capilla. Durante años, era frecuente que en los diarios locales se publicasen en los anuncios oraciones en honor a estas ánimas negras.

También encontramos un importante culto en Jerez de la Frontera, Cádiz, donde la Hermandad Sacramental de Santiago es conocida popularmente como la Hermandad de las Ánimas Benditas, y se dedica al culto a los Fieles Difuntos, rezando por el eterno descanso de sus almas.

 

 

Fueron muchas las agrupaciones que velaban por dicho descanso, organizando misas y entierros, y encontramos otros ejemplos en Ciudad Real, o Cieza, Murcia, en la que en el siglo XVI se organizó la Cofradía de Ánimas dedicada al culto de los difuntos y obras de caridad por el descanso de los mismos. Un culto que se rescató en 1997, y que dio un paso más con la procesión a partir del año 2001 del Descenso de Cristo a los Infiernos, un cortejo de gran recogimiento y austeridad, en la que sus devotos recorren la localidad vestido de negros, capuchas similares a las de un verdugo y un dogal, es decir, una soga de ahorcado en el cuello.

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