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Lola, la limpiadora que se ha quedado ciega tras varios malos diagnósticos en hospitales murcianos

Han tenido que estar durante dos años en batallas judiciales
Hasta en dos centros médicos le diagnosticaron dolencias equivocadas, con sus respectivos tratamientos | España Diario

 

Lola, una mujer que ha desarrollado su última etapa laboral como limpiadora en varias localidades murcianas, va a ser indemnizada con 800.000 euros por una negligencia médica que le ha afectado a la vista, dejándola ciega.

Un juez ha decidido que se le haga efectivo el importe especificado anteriormente a ella, y otros 50.000 euros a su marido, pues la situación de Lola ha acabado por afectar a todo el núcleo familiar.

Los primeros síntomas

Lola fue a trabajar durante 36 días con dolores insoportables y, durante ese periodo fue a varias consultas médicas, en las que le recetaban medicamentos como ibuprofeno, nolotil, paracetamol o diazepam.

En las visitas médicas en centros hospitalarios a Lola le diagnosticaron varias dolencias, pero ninguna era acertada en el diagnóstico ni en el tratamiento. En el Centro de Salud Alcantarilla-Casco le dijeron que sufría tensión cervical, más tarde en el Hospital Virgen de la Arrixaca le diagnosticaron migraña. Mientras tanto, le iban recomendando medicamentos que no afectan en la curación de la dolencia que sufría Lola.

Lola recuerda el día que empezó a notar las dolencias: «Ese día —29 de marzo de 2014— estábamos en el cumpleaños de mi cuñado y comenzó a dolerme mucho el cuello, luego el dolor se subió por la cabeza hacia los ojos», comenta en una entrevista para el medio ‘El Español’.

Centro médico de Alcantarilla, al primero que acudió tras los primeros dolores | España Diario

 

Así, tras pasar el fin de semana con ibuprofenos, el lunes regresó al trabajo en el que la jornada laboral se inicia a las 5 de la mañana. Tras terminar la jornada de aquél día, se encaminó al médico, que le diagnosticó tensión cervical.

Una semana después, regresó al hospital, esta vez la visitó su médico de cabecera: «Tenía un dolor tan fuerte que hasta me costaba abrir los ojos», decía. El médico que la examinó, su médico de cabecera, no cambió ni una coma del primer diagnóstico y siguió en la misma situación con la que llegaba al centro médico.

Poco después regresaba, acompañada de su hermana: «El Lunes Santo regresé por segunda vez a mi médico de cabecera, en esa ocasión iba acompañada de mi hermana porque me encontraba muy mal. Ella le dijo que me diera la baja porque tenía que trabajar los dos días siguientes y pensábamos que a lo mejor lo que me pasaba era por el cansancio. Nunca se me olvidará cómo le contestó a mi hermana: el doctor le tiró el talonario con las recetas y le dijo dele usted la baja».

«Si me llegan a hacer un TAC, en solo 30 segundos me habrían detectado el aneurisma y no me habría dañado el nervio óptico», se lamenta Lola. Uno de sus dos hijos, Andrea de 22 años argumenta: «De un día para otro, tú ya no dependes de tu madre, sino que es ella la que depende de ti».

Dos años de batallas judiciales

La paga que le había quedado a Lola era ridícula, sobre todo si se tiene en cuenta que tanto ella como su marido tuvieron que abandonar los empleos que tenían. Ella tuvo que dejar la empresa de limpieza, y él tuvo que dejar dos empleos para poder cuidar de ella. «Comencé a buscarme la vida con 15 años, siempre trabajando en la economía sumergida, en el campo de jornalera, haciendo piezas…coticé los cuatro años que trabajé en la empresa de limpieza y poco más» contaba Lola.

Así, decidieron llevar ante las autoridades la situación por la que había pasado. Tras varios juicios, se le otorgaron unas compensaciones de 250.000 euros y 50.000 para el marido. Ignacio Martínez, letrado del matrimonio, ayudó a que se presentara un recurso, que tras haberse dictaminado un nuevo fallo, acabó con una compensación total a Lola de 800.000 euros y se mantuvieron los 50.000 de su marido.

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