El 'violador del ascensor' se declara culpable y dice tener «una obsesión que no puedo controlar»

En su turno a la última palabra, ha querido hablar «con el corazón de la mano» y ha reconocido que tiene «un problema psicológico»
El acusado se ha declarado culpable de los crímenes que se le imputan | España Diario

Pedro Luís Gallego, conocido como el 'violador del ascensor', ha confesado por primera vez desde que se le detuvo que violó a dos jóvenes e intentó agredir sexualmente a otras dos entre diciembre de 2016 y abril de 2017, mostrando su «arrepentimiento» y reconociendo que sufre desde los 19 años «un problema psicológico con una obsesión que no puedo controlar».

«Me considero culpable», ha afirmado de forma rotunda al inicio del juicio el violador en serie tras ser preguntado por el tribunal sobre los quince delitos que suponen los hechos relatados en los escritos de acusación. A petición de las partes, el tribunal de la Sección Sexta ha acordado que las víctimas declarasen a puerta cerrada y renunciar a parte de la prueba. La vista ha quedado vista para sentencia.

En su turno a la última palabra, ha querido hablar «con el corazón de la mano» y ha reconocido que tiene «un problema psicológico» al sufrir «una obsesión que no puede controlar», reprochando que durante los 32 años que ha pasado en prisión con buena conducta se le haya negado asistir a terapias para controlar sus impuestos.

«Soy víctima de mí mismo. Me arrepiento haber nacido», ha dicho mostrándose arrepentido y pidiendo perdón a las víctimas por el daño que les ha hecho para toda su vida. «Desde los 19 años tengo un problema psicológico porque mi vida no ha sido normal y nunca lo he podido resolver», ha subrayado explicando que tuvo que acudir a una psicóloga de pago para controlar sus impulsos al negarle la prisión acudir a los programas específicos para delincuentes sexuales.

«Tengo una obsesión que no puedo controlar y no comprende. Mi vida ha sido un fracaso y nunca he tenido armas para contrarrestar este impulso que no he podido controlar. Solicito que se me den programas de tratamiento, aunque quizá sea tarde porque moriré en prisión», ha recalcado y ha confesado que se intentó quitar la vida porque no tenía que haber nacido.

«Pido ayuda dentro de prisión»

Además, ha dicho que no es un criminal como los de la manada, ya que él cometía las agresiones sexuales no para divertirse en grupo como ellos, sino porque no lo podía controlar. «Pido perdón a las víctimas y solo pido ayuda dentro de prisión», ha concluido.

El acusado ha llegado a las 09.39 en un furgón de la Guardia Civil, saliendo con su rostro oculto con una gorra y unas gafas de sol. Su recorrido por el pasillo ha dejado ver el rostro visiblemente deteriorado y demacrado del acusado, quien no ha querido desprenderse de unas grandes gafas de sol que ocultan parte de su cara.

En su informe, el fiscal ha solicitado 25 años de cumplimiento efectivo en la cárcel, rebajando de 96 a 90 años su solicitud de condena y ha reclamado la aplicación del artículo 76. Además, ha pedido que no se pueda beneficiar de permisos carcelarios y que, una vez que sea excarcelado, se aleje durante diez años de sus víctimas y de Madrid. «No quiero que se haga más daño a las víctimas, me quedo con su reconocimiento de hechos porque nunca ha querido hablar», ha subrayado el fiscal.

Las víctimas han declarado de forma presencial, a puerta cerrada y sin biombo. Apenas ha durado unos diez minutos la declaración de las cuatro, lo que supone que se habrán ratificado en el testimonio prestado durante la instrucción para evitar volver a recordar los malos momentos vividos.

El ‘modus operandi’

Imagen de archivo del autor confeso de las agresiones sexuales juzgadas | España Diario

 

La inspectora de la Policía que llevó el atestado ha relatado cómo fue la instrucción, coincidiendo las víctimas en un mismo 'modus operandi'. Así, ha relatado que todos los parámetros les llevaron a pesar desde los hechos de la segunda víctima que era el mismo violador en serie.

Las chicas eran abordadas de noche a punta de pistola en la calle Arzobispo Morcillo, próxima al Hospital de La Paz. Las introducía en un vehículo de cuatro puertas y de color blanco. A dos de ellas las llevó a su casa de Segovia, donde las agredió varias veces. Las dejó en el mismo lugar. En dos casos, consumó las agresiones sexuales y en otro dos, no.

La línea de investigación partió del vehículo de marca Toyota Auris que captó las cámaras de un punto de tráfico situado en el distrito Fuencarral-El Pardo. Comenzaron a rastrear entre un total de 75.000 coches que les dio tráfico de ese modelo en Madrid. A partir de las matrículas, se fueron descartando opciones.

Estos datos se añadieron a un teléfono fijo del dueño de uno de los Toyota detectados en la calle Herrera Oria con la Masó a nombre de un tal Eliseo, cuñado de Pedro Luis Gallego. Tras aparecer el nombre del acusado, comprobaron la cantidad de antecedentes por agresiones sexuales que tenía la persona identificada.

En el registro de su coche y de su vivienda, los investigadores hallaron bridas y las gafas de sol que describían las víctimas. Tras el análisis de su móvil, se observan los desplazamientos de Segovia a Madrid en los cuatro días de los hechos juzgados. Tras los hechos, las víctimas tenían restos de ADN en diferentes partes de su cuerpo.

A su llegada, la abogada que representa a la asociación Clara Campoamor en nombre de varias víctimas ha subrayado que hay pruebas sólidas que podría sustentar una condena refiriéndose al posicionamiento de telefónico, pruebas de ADN, huellas y rastro de fibras.

Carrera criminal

Cuenta con un amplio historial delictivo ya que había sido condenado anteriormente por dos delitos de asesinato y varios de violación. En junio de 2017, fue detenido acusado de nuevas agresiones sexuales tras ser excarcelado en 2013 tras cumplir parte de la condena por el asesinato de la menor Leticia Lebrato y otros 18 delitos por agresión sexual.

Su 'modus operandi' era secuestrar a punta de pistola a sus víctimas en una zona próxima al Hospital de La Paz. Luego se las llevaba a Segovia para agredirlas sexualmente y las devolvía al lugar del rapto en coche.

Pedro Luis Gallego era un violador en serie excarcelado en noviembre de 2013 tras materializarse la derogación de la Doctrina Parot —que redujo el tiempo en prisión con carácter retroactivo— sobre sus actuaciones entre los años 70 y 90. Gallego no había sido vigilado por la Policía desde su excarcelamiento.

Los hechos

La primera acción delictiva que la Fiscalía imputa ahora al acusado se produjo el 16 de diciembre de 2016 sobre las 23.35 horas. Fue entonces cuando abordó «repentinamente» en una calle situada en la zona norte de Madrid con una pistola intimidatoria a una joven de 17 años de edad. Varios viandantes impidieron que se llevara a la joven y la chica solo resultó herida leve en su rodilla.

Dos meses después, el 19 de febrero de 2017, Pedro Luis Gallego Fernández acudió sobre las 00.00 horas a otra calle también situada en la zona norte de Madrid donde tras encañonar a una joven con una pistola le llevó hasta su coche, «la tapó con un gorro los ojos, la ató las manos por la espalda con bridas y la tumbó en el suelo de los asientos traseros del vehículo».

A continuación la llevó hasta un domicilio situado en Segovia «donde maniatada e impedida de toda visión tuvo que soportar del procesado que la agrediera sexualmente en cinco ocasiones». Sobre las 14.30 horas del día siguiente dejó a la víctima en una calle de Madrid «previo lavado del cuerpo para evitar dejar vestigios».

El tercer hecho delictivo se refiere a unos hechos ocurridos sobre las 1.40 horas del 2 de abril de 2017 cuando abordó en plena calle a otra joven a la que exigió a la fuerza que se introdujera en el coche, «llegando a empujones a meterla dentro del vehículo». La víctima logró huir del lugar. La última acción delictiva ocurrió el 14 de abril de 2017 en una calle de Madrid donde abordó a otra mujer a la que tras colocarle una pistola en la cabeza la introdujo «a empujones» en un coche.