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María, una mujer violada en Madrid: «Un violador anda libre. Yo soy una de sus víctimas»

El suceso ha ocurrido en la calle Ponzano de la capital
María dice sufrir problemas para conciliar el sueño y padecer de estrés | España Diario

 

María, una mujer cuyo nombre es falso para salvaguardar su identidad, denunció el pasado 29 de junio que había sido violada por un hombre en la ciudad de Madrid. La mujer estuvo atrapada en el piso del presunto agresor sexual: «Yo apenas podía gritar y respirar. Tuve que prometerle que no diría nada para que me dejara marchar», ha declarado en una entrevista al diario ‘El Español’.

La víctima cuenta que presentó la denuncia por violación la tarde del día de los hechos. A las 17.15 horas acudía a una comisaría a explicar lo sucedido. Todo. Además, añade que desde el día en el que le pasó la agresión sexual le cuesta conciliar el sueño y que padece estrés.

María no pudo aportar un nombre en concreto del agresor a los agentes, pues había conocido al hombre por una aplicación de citas y no llegó a darle su nombre. Lo que sí que pudo aportar fueron imágenes del hombre y la dirección de dónde le había pasado el terrible suceso. Ella piensa que no es la única mujer que ha sufrido episodios de este tipo por parte del hombre, así que el empeño de ser la última que los padezca la ha empujado a denunciar la situación. «Estoy segura de que un violador anda libre por Madrid y que yo he podido ser su última víctima», asegura.

Los hechos contados por María son los siguientes: el hombre la lleva a un piso que dice que es suyo de la calle Ponzano de Madrid y allí recibió la agresión sexual. «Al principio yo le pedí que parara, que me dejara, per él decía que no pasaba nada. Intenté quitármelo de encima, per no podía moverme ni chillar. Creo que me quedé bloqueada», declara al medio de comunicación. Cree estar segura de que no es a la primera mujer que le ha hecho esto ese hombre: «Por cómo lo hizo, creo que lo tenía todo muy bien pensado».

Se conocieron por una aplicación de citas

La joven y el hombre se conocieron a través de una aplicación de citas llamada ‘Happn’. El mote del hombre era ‘Apo’ y ella lo ha descrito como un hombre con pelo y tez morenos, complexión delgada, mediana altura, rasgos asiáticos y de unos 32 años. En primer momento solo hablaron por la aplicación, pero poco después se dieron los teléfonos y entablaron conversación por Whatsapp. ‘Apo’ le contó a María que trabajaba en el servicio logístico del aeropuerto de Barajas, además le dijo que llevaba poco tiempo en España, unos cuatro meses. María piensa que no era verdad lo que le dijo.

Pasaron dos semanas cuando se produjo el primer encuentro en persona. El chico le propuso a ella pasar juntos el sábado en la piscina del edificio en el que reside. María aceptó tras saber que era posible que más personas aparecieran, unos conocidos del chico.

La agresión

La mujer cree que el hombre «lo tenía todo muy bien pensado» | España Diario

 

Sobre las 11.30 horas del sábado 29 de junio quedaron. Ella llegó sobre las 12 al punto de encuentro y él le dijo si le importaba ir a su casa, que no había desayunado y que en cuanto terminara irían a la piscina. Ella accedió.

María se percató de que el joven conocía la casa, no dudaba en coger los vasos de su armario ni se equivocó al coger las cucharillas. A pesar de ello, a María le resultó un poco extraña la situación en la que se encontraba la casa para ser su residencia habitual: «Supo dónde estaba cada cosa en la cocina, pero había mucha ropa revuelta en las sillas del comedor, las persianas bajadas, zapatos por todos sitios… Él había estado allí antes, pero no estoy segura de que fuera su verdadera casa», explica.

Cuando María empezó a sentirse intranquila, preguntó sobre la compañía que esperaba el hombre. Le respondió que tenía que ir a buscar a unos amigos a las seis al aeropuerto. Le dijo que ella prefería esperar en su casa, pero acabó siendo convencida para sentarse en el sofá un rato. Segundos después, el hombre se encontraba encima de ella, agarrándole de las muñecas.

La joven notó como el hombre intentó introducir su mano por debajo de sus pantalones, a lo que ella se resistió. Pero por una pernera del pantalón corto que vestía María logró realizarle tocamientos: «Era como si con ellos tirara de mí, como si me estirase para que yo no me moviera. Me dolía bastante», declaró.

Entonces el hombre logró despojarla de la parte inferior de sus vestimentas y la dejó desnuda de cintura para abajo. Tras varios forcejeos, el hombre logró dar la vuelta a María y dar con su objetivo: «En ese momento sentí pánico. Sólo quería que terminara. En la cocina, que estaba contigua al salón y no tenía puerta, había cuchillos, vasos y cubiertos. Pensé que podía hacerme algo peor».

Cuando el hombre terminó, se apartó de ella. Fue al lavabo a vestirse, momento que aprovechó la joven para hacer lo mismo en intentar huir de la vivienda. Pero al llegar a la puerta, no pudo salir, estaba cerrada. Tras volver a agarrarla, «le prometí que no iba a decir nada. Se lo repetí varias veces. Lo convencí y me dejó salir».

Tras salir de la vivienda, ella le preguntó por qué había actuado así. Al principio lo negaba, pero poco a poco fue admitiendo los hechos. Ella aprovechó para realizar capturas de pantalla a los mensajes, que posteriormente utilizaría como prueba del delito cometido sobre ella. En declaraciones posteriores, María ha dicho que: «Según me dijeron los policías, había otras denuncias similares. Sólo quiero ser la última víctima. Que no haya ninguna más».