Alberto Sánchez, el joven que asesinó a su madre, para después comérsela con su perro

Cambió radicalmente tras su regreso a Madrid
Imagen de Alberto Sánchez Gómez | Elcomercio.es

 

Alberto Sánchez Gómez es el hijo de María Soledad Gómez, la mujer asesinada, descuartizada y cuyo cadáver ha devorado su hijo y su perro en una vivienda del barrio de Salamanca de Madrid. Por lo que se sabe, Alberto tiene ingresos psiquiátricos en su historial médico, «al menos tres» comunica un amigo del asesino.

Según un amigo de la infancia en una entrevista para 'El Español', «el primero fue en el hospital La Princesa. El segundo, creo que en el Gregorio Marañón. Hubo un cuarto intento, pero le dijeron que no estaba para ingresar en un centro público. ¡Pues vaya si no lo estaba: se ha comido a su madre!».

Además, también explica que «la vida de Alberto cambió cuando volvió de Grecia. A su vuelta, ya no era el mismo. De ser un chaval ligón, normal, que le gustaba salir de fiesta de vez en cuando con sus amigos, pasó a ser un tipo introvertido y con paranoias en la cabeza».

Según su amigo, Alberto fue a Grecia de Erasmus gracias a una beca de la carrera que estudiaba, que era Contabilidad y Finanzas. Durante su experiencia en el extranjero debió de tener alguna mala experiencia, pues volvió antes de que acabara el curso académico. Además, se desentendió tanto de su estancia fuera que fue su hermano mayor el que tuvo que gestionar la vuelta de sus objetos personales.

Regreso a Madrid

Tras su regreso, Alberto les contó a sus más allegados que en Grecia había consumido una droga identificada como droga caníbal. También contó que la policía del país heleno le perseguían y que había entablado cierta amistad con unos jóvenes albanokosovares, los cuales le habían llevado a vivir alguna experiencia complicada.

«Jugaban a una especie de juego de apuestas, que ganaba quien más tardaba en echarse atrás en cuestiones de retos. Eso que nos contó era verdad, pues tenía alguna multa por quemar contenedores en la calle. Lo otro, no lo sé, la verdad», contaba el amigo de Alberto.

Cuando regresó a Madrid, se instaló con su madre, la cual tenía problemas de adicción al alcohol desde hacía unos años. Su padre, falleció por una enfermedad muy grave en los huesos. Alberto tenía 11 años.

Ya en casa, Alberto dejó la carrera y empezó a agredir física y verbalmente a su madre. Tras su primer ingreso, se le diagnostica un trastorno por delirio persecutorio. En el centro pasó «un mes más o menos».

Alberto Sánchez Gómez con sus amigos | Elcomercio.es

 

Tras salir del centro psiquiátrico, Alberto deja de tomar la medicación recomendada por los profesionales. «Poco antes de que tuviese el último ingreso, la madre y yo hablamos». Explica que la madre «me contó que lo había denunciado en varias ocasiones y que tenía una orden de alejamiento sobre ella, pero que prefería que viviera en su casa a estar sin un techo en la calle».

Alberto acumula en su expediente policial hasta 12 denuncias por malos tratos. Había llegado a vivir en una tienda de campaña instalada en un parque cercano y en un piso ocupado.

Hace tiempo que Alberto y el amigo que ha colaborado en la información no se veían, unos ocho meses. El último contacto fue un mensaje de Whats app en el que Alberto le dice algo así como «a ver si nos vemos y tal…».

El pasado viernes, 22 de febrero, la Policía Nacional accedió al piso de la madre de Alberto, con su permiso. Se encontraron varios táperes con trozos pequeños del cadáver de la mujer. Otros, con la ayuda de su perro ‘Koke’, ya se los había comido.

Inquietante rap

Hace unos meses, en setiembre de 2018, publicó en su Instagram un inquietante vídeo en el que canta una canción de rap con versos sin mucho sentido.

Su perfil nunca fue muy activo, pero el vídeo no ha pasado desapercibido, ni su letra. Dice así:

«Paseando al perro como un cencerro / No sé la mierda que digo pero si te quiero hundir, te entierro / Cocinando ternera para perder la cordura / Pollo dulce y mente dura / No existe cura para mi locura / Espera que lo mejor ocurra / O curras, o te tratan como a una curva / Escucho la selva mientras el pájaro silba / Bebiendo birra y fumando sativa», dice en uno de ellos.

Entreno sin vino / Sólo sé que tengo un talento fino / Yo nunca desafino / Me importa una mierda si me llamas un gorrino / A mí, trátame de usted / Para no perder el Percocet / Yo no quiero ver más a las niñas de La Merced».