Villar de Plasencia (Cáceres) se niega a pagar el entierro de un criminal conocido como 'El Kepa'

Sobre el fallecido pesaban varias acusaciones de abusos a menores
Imagen de archivo de un cementerio | EFE

Era el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, cuando Carlos Marugán –alias El Kepa- sufría un accidente de tráfico mortal en la A-66. Apenas había salido un kilómetro del pueblo cuando este joven de 29 años estrellaba su Renault Megane contra un camión, muriendo en el acto. En circunstancias normales, la familia del fallecido habría reclamado el cuerpo para enterrarlo, pero El Kepa era un conocido criminal de la zona, sobre el que pesaba una orden de búsqueda y captura.

Villar de Plasencia se niega a pagar el entierro del joven

El juez encargado del caso determinó entonces que el coste del entierro recaía en manos del Ayuntamiento de Villar de Plasencia. Cuando se enteraron de lo sucedido, los vecinos de la localidad se negaron rotundamente a hacerse cargo del pago, aunque la alcaldesa afirma que la cuestión está zanjada: «Han venido el padre y un tío del chico y me han pagado. Me han dado las gracias y han estado muy educados», señala María José Perez en declaraciones que recoge ‘El Español’.

Lo que sí tuvo que abonar el Ayuntamiento fue el traslado del cuerpo, un total de 1.500 euros. «Por suerte la funeraria nos hizo una buena rebaja», asegura la alcaldesa. Finalmente, al entierro acudieron la misma alcaldesa, seis amigos del fallecido y una cámara de televisión.

El historial criminal de El Kepa

Aunque eran conscientes de su pasado criminal, muy pocos en Villar de Plasencia conocían los detalles de su historial delictivo. Carlos Marugán, conocido como El Kepa en su círculo más próximo, era el cabecilla de una banda callejera conocida como RS2 y que operaba en Salamanca. Se le acusaba de abusar de varios menores, a los que obligaba a practicar felaciones y dejarse penetrar analmente.

En cuanto a la relación entre padre e hijo, hacía una década que ambos no se veían. Francisco se había separado de su mujer al conocer que Carlos no era su hijo biológico. Cuando El Kepa cumplió 24 años, ambos se reencontraron y estuvieron viviendo bajo el mismo techo durante un mes y medio. Sin embargo, el historial delictivo del hijo volvió a entorpecer la relación.

Finalmente, ha sido la abuela paterna quien ha terminado pagando el coste del entierro. La noticia ha supuesto el alivio de toda una localidad que llora más la muerte de un toro -la ganadería es la principal fuente de ingresos de Villar de Plasencia- que la de este joven criminal de 29 años.