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El Teatro Romano de Mérida y un poco de historia

El cónsul romano Marco Agripa (Marcus Vipsanius Agrippa, amigo íntimo y colaborador de Octavio Augusto, responsable de muchos de los éxitos militares de Octavio, entre los que destaca la victoria naval de la Batalla de Actium contra Marco Antonio y Cleopatra VII de Egipto) fue el principal promotor de su construcción, que se comenzó hacia en el año 16 a.C.

  

Su diseño sigue fielmente las reglas de los tratados de Vitruvio (Marcus Vitruvius Pollio), contemporáneo de Augusto y autor de un extenso sumario de toda la teoría sobre la construcción que había sido escrita hasta el momento: Los diez libros de la arquitectura (De Architectura Libri Decem).

El Teatro emeritense muestra semejanzas con los teatros de Dugga (Túnez), Orange (Francia) y Pompeya (Italia). El edificio responde a un modelo típicamente romano, ya establecido anteriormente en las construcciones de Pompeya y Roma. 

Consta de un graderío semicircular para unas 5.800 personas dividido en tres alturas, la ima (con 22 gradas y 6 puertas), media (con 5 gradas) y summa cavea (con otras 5 gradas) . Levantado en el ángulo este de la ciudad, fue construido, aprovechando, como en los teatros griegos, la ladera de un cerro, en este caso la ladera de San Albín.

Teatro Romano de Mérida: Graderío semicircular dividido en tres alturas, la ima (con 22 gradas y 6 puertas), media (con 5 gradas) y summa cavea (con otras 5 gradas)

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Tiene un diámetro de casi 96 m. A estas gradas se accedía mediante 13 puertas que comunicaban con los vomitoria. En su centro y parte más baja se sitúa la orchestra también semicircular (de 30 m. de diámetro), con las tres gradas de la poedria, reservadas para la alta sociedad emeritense y delimitadas con un murete semicircular de separación o balteus. 

Esta orchestra estaba recubierta de mármol, y en su frente se levanta la vertical del podium, el frons pulpiti, compuesto por sucesivas exedras rectas y curvas. Además de las 13 puertas de acceso al graderío, tiene dos más para entrar en la escena, todas ellas con pasillos abovedados.

Teatro Romano de Mérida, Puertas de acceso a la scena

El frons scaenae, o frente de la escena, es elemento más conocido del conjunto arquitectónico. Sobre podia de 2,5 m. de altura, recubiertos de mármol, se elevan dos cuerpos de columnas corintias de casi 30 m. cuyas basas y capiteles son de mármol blanco y los fustes de mármol azul. Sobre cada orden de columnas se extienden sus correspondientes entablamentos con arquitrabe, friso y cornisa, todos ellos finamente decorados.

Entre estas columnas , se sitúan una serie de estatuas, emperadores divinizados, dioses y personajes clásicos como Plutón, Júpiter o Proserpina, sobre los que destaca la imagen sedente de la diosa Ceres esculpida en excelente mármol blanco y con una altura de 2,10 m.

Esta magnífica obra de arte está compuesta por dos piezas, una de la cabeza y torso hasta las ingles, y otra la de las piernas. Esta grave matrona, vestida de túnica (stola), con mangas abrochadas sobre el antebrazo y sujeta por bajo del seno con un ceñidor está velada con un manto (palia), en el que envuelve las piernas, con la cabellera partida sobre la frente en dos bandas de ondulantes rizos cuyos cabos caen a los lados del rostro y cuello, y está adornada con la diadema stéphanos que no deja lugar a dudas sobre su carácter divino.

Esta imagen es la personificación de la Tierra nutricia, en los momentos de su dolor sublime al verse despojada de su hija Proserpina, el fruto, por Plutón, el dios de las tinieblas. La Ceres emeritense muestra en su rostro una suave melancolía, un dolor mudo, reflejo de la concepción puramente griega de la diosa Deméter, que encierra en la amplitud y austeridad de sus formas el carácter de la diosa madre, cuyo amor se refleja en el rostro, velado con el manto, en señal de duelo.

Entre todo este conjunto de columnas y estatuas se abren las tres puertas de acceso a la escena, la central (valva regia, sobre la que descansa la diosa Ceres) y las laterales (valva hospitalarium). Por detrás de esta fachada hay diversas estancias para actores y demás personal. La superficie del escenario, el pulpitum, estaba recubierta de madera bajo la cual se distribuían los útiles necesarios para la formación de los telones, decorados y demás elementos de la escena.

En la parte posterior de la escena, fuera del teatro en sí, se construyo un jardín porticado, presidido por una pequeña cámara consagrada al culto imperial. Por su lado este se accede a una domus, (la casa del teatro), con peristylium y ricos mosaicos y en el fondo, en un lateral de la plaza, se localizan unas letrinas de uso público. 

  

  

  

  

Todo gracias a J. R. Mélida, principal impulsor de la arqueología extremeña en el primer cuarto del siglo XX, cuya buena parte de sus investigaciones y trabajos los llevó a cabo en nuestra tierra entre 1907 y 1930, con la elaboración de los catálogos monumentales de Badajoz y Cáceres, las excavaciones en Augusta Emerita y el estudio del tesoro de Aliseda. En esta época la zona del Teatro era denominado popularmente como Las Siete Sillas, ya que antes de comenzar las excavaciones arqueológicas, únicamente eran visibles siete grandes fragmentos de la parte más alta del graderío, en los cuales, según la leyenda se sentaron siete reyes moros para decidir los destinos de la ciudad.

Antes de las excavaciones lo único visible de tan colosal construcción era la summa cavea, la única parte que estaba al descubierto y en consecuencia la de mayor deterioro en su estado de conservación. De esa parte final del graderío sólo se recuperaron los siete núcleos de hormigón que formaban su interior, con aspecto de asiento o silla. Estos siete elementos eran las míticas Siete Sillas.

Desde las primeras décadas del siglo XX, con la recuperación del recinto escénico, que estuvo durante años derrumbado y cegado por la tierra(Sería Ramón Menéndez Pidal el encargado de su reconstrucción, desde 1964, quien dijo del Teatro que era "el príncipe entre los monumentos emeritenses"), las milenarias piedras del Teatro Romano han acogido representaciones teatrales, operísticas, mágicos ballets y demás manifestaciones artísticas.

El Festival de Teatro Clásico se celebra cada verano esde su nacimiento en 1933, año en que contó con la presencia de la legendaria intérprete Margarita Xirgu que encarnó la Medea de Séneca, traducida por Miguel de Unamuno. Esta gran actriz ha sido considerada la impulsora del festival de las artes del Teatro Clásico de Mérida. 

De ella diría el mismo Unamuno: "Yo no he hecho más que hacer hablar a Séneca en castellano. Séneca no hizo más que explicar la historia de Medea. Pero Margarita Xirgu ha hecho Medea. Ha convertido este personaje, imaginario o real, en un ser vivo que se apodera de nosotros en cuerpo y alma". 

  

Y Federico García Lorca definió su grandeza en verso: Ojalá que pronto puedas/ correr por altas montañas/ libre de tu camerino/ como una corza de llamas.

Desde sus inicios el Festival de Teatro Clásico de Mérida es un referente cultural destacado, y permite al espectador viajar en el tiempo y disfrutar del legado cultural grecorromano en sus escenarios naturales. Gentes de todo el mundo se conmueven cada año con las obras inmortales de los clásicos vistas en este escenario original, joya arquitectónica del siglo I a. de C., visitada cada año por cientos de miles de turistas y ubicada en tan bellísima ciudad Patrimonio de la Humanidad. Su espectacularidad e importancia hacen del festival un evento de relevancia internacional. Sólo nos queda disfrutar del espectáculo y de tan milenario entorno.