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Las "verdades" de doña Concha

Doña Concepción González, alcaldesa de Moraleja, parece que no tiene otro oficio que hacer más que el de acusar, imputar a alguien algún delito, culpa, vicio o cualquier cosa vituperable; denunciar, delatar, reconvenir, censurar, reprochar..., pero no en los tribunales, para que averigüen la verdad, sino desde su sillón de la alcaldía.

  

  

El pasado martes, día 7, se llega hasta la capital para pedir el amparo de su partido, que se le supone y se le otorga, para defenderse y desdecirse de lo que ella misma declaró: nadie ha dicho que vaya a dejar la Mancomunidad; defiende a su socio de gobierno y manifiesta que "si se abstuvo en la moción de septiembre (presentada de urgencia en el pleno del día 5 para iniciar los trámites para abandonar la Mancomunidad) fue porque se había incorporado de vacaciones y no tenía todos los datos." Pues bien, don Ángel González Cava se quedará sin conocerlos, porque ha presentado su renuncia al cargo y doña Concha, muy buena y condescendiente, ha convocado sesión extraordinaria y urgente para el próximo viernes, a las 10.00 de la mañana, con dos puntos en el orden del día: el pronunciamiento del pleno sobre la urgencia del mismo; y la renuncia al cargo del concejal del IPEX, que habrá de ser sustituido por don David Pérez Chaparro.


Doña Concha, en lugar de asumir con humildad su gestión, muestra su ineficacia y prepotencia al abordar un tema tan delicado como la permanencia de su pueblo en la Mancomunidad; lanza una cortina de humo con la amenaza de la auditoría y se pone el velo para cubrirse de sus mentiras, al acusar a los concejales socialistas de insultos y agresiones que, si no fueren alucinaciones suyas, debería denunciar en los tribunales.

La alcaldesa utiliza la ley del embudo y reclama a bombo y platillo de la Mancomunidad lo que ella misma niega al PSOE de Moraleja. A saber: solicita las cuentas del ente comarcal, que tiene a su disposición, lo que ella no hace con las cuentas municipales desde 2007, solicitadas por la oposición hasta una docena de veces; reclama un miembro de otro partido en el equipo de gobierno de la Mancomunidad y hurta al PSOE el único representante que tenía en Ribera de Gata.


No contenta con difamar a trabajadores en el pleno, cuestiona la profesionalidad del secretario y del interventor, acusándoles de no fiscalizar los gastos, aprobados por el Tribunal de Cuentas; y exige, en fin, una representación en los órganos de la Mancomunidad que las urnas le negaron.

Doña Concha basa su defensa en el ataque, una técnica dilatoria que solo sirve en ocasiones para competiciones deportivas de equipo, y hoy acusa a los Ministerios del Gobierno de España (ya sea Fomento o Interior), y mañana, a la Consejería de Fomento de la Junta de Extremadura, a los ediles del PSOE y ahora, a la Mancomunidad misma.

En la campaña electoral de 2003, cuyas elecciones ganara Teresa Roca, hoy portavoz de la oposición socialista, el ex Presidente Rodríguez Ibarra, ya tan olvidado por algunos, hubo de recordar, enojado, en una plaza del pueblo durante su mitin: "Le di un millón de pesetas que me pidió para hacer una fuente y ahora lo veo convertido en un enjambre de avispas."


Con su saco de agravios, doña Concha demuestra su falta de aptitud y de capacidad para comprender la palabra solidaridad. Si tiene sospechas o indicios, que acuda a los tribunales, que el PSOE está a su disposición para ayudarla, porque, de lo contrario, habría que recordarle también las palabras de Benavente: "Hay que ser constantes traperos en el montón de las mentiras para encontrar de tarde en tarde alguna verdad". Búsquela, señora alcaldesa, pero no difame más, "porque la verdad es hija del tiempo, no de la autoridad", en palabras de Bacon.