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Gladiator y Mérida

La película del Ridley Scott , que ganó cinco Oscar en el año dos mil , tiene como protagonista al general Máximo que confiesa ser hispano , de Emerita . Esto ocurre en la versión española, porque, en la original, el personaje que interpreta Russell Crowe resulta ser de Trujillo. Y parecería mucho mas acertado el origen emeritense del general Maximus Decius Meridius, porque en las escenas de su villa rural, con las espigas mecidas por la brisa, esa referencia se ajusta más a la vocación cerealista de nuestras campiñas que a los berrocales trujillanos.

  

Cuando vi la película, me llegó al alma esa alusión a Mérida. En fin, todos sacamos pecho cuando hablan bien de lo nuestro. Y que Mérida estuviera en ese film tan rotundo, con la espectacular batalla inicial y sus luchas en los mejores anfiteatros del Imperio, es mucho para el buen nombre de la Ciudad y la cosa turística.

  

  

Y desde ese momento, como una obsesión inevitable, empecé a buscar mentalmente el lugar donde podría estar la finca del general Máximo, por los campos coloniales de Emérita, como si la ficción argumental tomara visos de obligada certeza en mi cabeza. Y la encontré, vaya si la encontré. No vayan ustedes a creer que fue fácil, porque en la película, el terreno aparentaba ser una ladera y eso limitaba las opciones. 

  

  

Así es que esas lomas que suben suaves desde el Guadiana, pasado Cantarranas, Siete Colchones y la Cimbrona, en el camino de Don Álvaro, se me antojaban las propias para ubicar la villa del general Máximo, cuando, llegado en un suspiro desde las fronteras de Germania, encontraba los cadáveres de su familia, asesinados por la justicia fatal de Comodo, el nuevo emperador. Incluso el nombre clásico, de ese pago agrícola que es "La Tijera", no desentonaba con la tragedia del honesto militar e ilustre paisano nuestro, por esa magia del celuloide. De cualquier forma pueden ustedes imaginar otras localizaciones, que seguro que las encuentran en los campos de este embudo entre colinas, como Roma, que es Mérida .

  

  

Roma fue un imperio agrícola y desde esa óptica hay que comprender aquella sociedad . No había un sistema de pensiones para los jubilados, sino tierras para cultivar. Así es que el crecimiento, la extensión de las fronteras, desarrollando un modelo de asentamiento sobre las nuevas tierras, fue el motor de aquel modelo geopolítico y social, cosido legalmente con el derecho romano. Todo estaba apoyado en una lógica expansionista, como todos los imperios. Roma crecía más y más, incorporando nuevos territorios, fijados para el comercio y la estabilidad con una inmensa malla de calzadas.

De hecho, cuando se colonizaron todas las tierras posibles y se frenó el pulso expansivo, con una sociedad acomodada y poco proclive a roles militares, el Imperio comenzó a declinar.