La teoría de la conspiración: ¿Y si el coronavirus no hubiera nacido en China?

Una teoría sobre el origen estadounidense del coronavirus gana adeptos en las redes.
Imagen de Xi Jinping y Donald Trump hablando a una distancia cercana
La crisis del Coronavirus ha desatado una guerra propagandística Washington-Pekín | Agencias

Las primeras informaciones acerca del brote de coronavirus en Wuhan apuntaban que el primer contagio se habría producido en un mercado de animales de esta ciudad china. Primero se habló de los murciélagos como los responsables, luego del marisco, y al mismo tiempo que el virus se extendía rápidamente también se hacían virales las imágenes de este mercado con preocupantes condiciones de insalubridad.

Pero como suele suceder en estos casos, no tardaron en aparecer las teorías de la conspiración y las hay para todos los gustos, desde una arma biológica que se les fue de las manos a los chinos hasta la fabricación del virus por parte de Bill Gates o por una reducida élite económica tipo Club Bilderberg

Entre todas las teorías de la conspiración hay una que está calando con éxito: la CIA creó el coronavirus en laboratorios militares de Estados Unidos, y las tropas norteamericanas lo llevaron a Wuhan en octubre durante unas operaciones militares con el fin de debilitar a su principal competidor comercial.

Entonces muchas personas empezaron a preguntarse: ¿Y si el coronavirus no hubiera nacido en China? El gobierno chino rescató esta teoría viralizada en los foros de Internet y le dio veracidad con un estudio oficial que demuestra que el virus se originó fuera del mercado de animales de Wuhan, donde sí se propagó rápidamente por el hacinamiento de animales.

Se abre entonces una guerra propagandística paralela a la batalla contra el virus y el portavoz del ministerio de Exteriores chino, Li Jian Zhao, apuntaba en Twitter: ‘¿Cuándo surgió el paciente cero en Estados Unidos? Pudo ser el ejército de Estados Unidos quien trajo la epidemia a Wuhan. ¡Sed transparentes!’.

Coronavirus: La teoría de la conspiración

Según informaciones aparecidas en Japón y en Taiwán, el virus se originó a raíz de una fuga que obligó a cerrar el laboratorio militar de Fort Detrick, en Maryland, y que curiosamente coincide con una serie de muertes por vaporeo de cigarrillos electrónicos en Estados Unidos. Unos turistas japoneses contagiados en Hawai habrían viajado luego a Wuhan.

Pero donde se agarra la propaganda china con más ahínco en los Juegos Olímpicos Militares celebrados en Wuhan el 18 y el 27 de octubre, ocasión que habrían aprovechado los soldados estadounidenses para liberar el virus. Con ello, el gobierno norteamericano pretendía, según la teoría, debilitar a China en su carrera hacia la hegemonía mundial y el experimento se les habría ido de las manos.

Propaganda y lucha por la hegemonía

Con la utilización de este argumento, China pretende cambiar el relato que sitúa al gobierno de Xi Jinping como responsable de la aparición del brote y su rápida extensión al hacer caso omiso de las primeras recomendaciones para contener la epidemia.

De pronto, sin embargo, la situación ha dado un vuelco. El mundo aplaude la determinación con la que China ha conseguido frenar el avance del virus, algo que además se pone en valor ante el fracaso de las democracias occidentales para prever la devastación económica y el colapso del sistema causados por el coronavirus.

El gobierno de Xi Jinping aprovecha la situación para alejar la sospecha del origen chino del virus y demostrar su eficiencia ante el mundo, lo cual le dará una ventaja estratégica significativa en la cruda lucha por la hegemonía que se ha acentuado durante el mandato de Donald Trump.

Lo que no esperaban los chinos es que los norteamericanos fueran sus mejores aliados en esta estrategia. Trump ha reaccionado tarde y mal a la aparición del virus en Estados Unidos y, hasta ahora, las medidas de su equipo han sido improvisadas y descoordinadas. El fracaso de Europa y la tibieza de Estados Unidos da chance al nuevo relato del gobierno chino y, como por arte de magia, convierte de nuevo al país asiático en claro aspirante a la hegemonía del mundo.

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