Rafael, el abuelo que ha escapado de una residencia burlando la muerte

El residente decidió que aún no le había llegado su hora

A la izquierda, una residencia Orpea, en Madrid. A la derecha, Don Rafael, retratado por su familia
Don Rafael decidió abandonar su residencia | David Expósito

Rafael García tiene 89 años. Cuando se quedó viudo, sus hijos le insistieron en que se fuera a vivir con ellos, pero él decidió que pasaría sus últimos momentos con gente de su edad en una residencia, concretamente, en Madrid Loreto de la empresa Orpea.

Todo parecía ir bien hasta que, a principios de marzo, surgió el primer infectado de coronavirus en la residencia y la Comunidad de Madrid prohibió las visitas de familiares a los centros de la región. El nombre de pacientes fallecidos se elevó en la residencia y Don Rafael empezó a darse cuenta de que pasaba algo allí dentro.

La decisión de Don Rafael

Según El País, el paciente notó que uno de los empleados, con el que tenía cierta confianza, tenía los ojos rojos, como si hubiese estado llorandoEl residente le pregunto al trabajador que si había visto algún muerto y, con lágrimas en los ojos el empleado, le contestó que seis.

Esos seis fallecidos eran conocidos de Don Rafael y, con todos ellos, había mantenido relación. En ese momento, tomó conciencia de todo lo que ocurría fuera de su compartimento.

Además de todas las muertes, muchos de los trabajadores estaban de baja y había un importante número de personas asiladas en una sola planta.

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La lavandería ya no funcionaba y, lo que sonó peor para él, fue que ya no se entraba en las habitaciones de aquellos con síntomas de coronavirus por miedo a infectarse

Don Rafael no dudó un minuto y llamó a su hija con el objetivo de marcharse de allí lo antes posible. 

La plaza en el centro le costaba 3.400 euros al mes pero, como no quería seguir la misma suerte que sus compañeros, «la tuve que dejar al averiguar de forma indirecta y bajo secreto de un empleado que mi salud, y hasta mi vida, estaban en peligro» ha afirmado Don Rafael a El País.

El primer contagiadopor coronavirus en la residencia fue hospitalizado y García compartió mesa durante el almuerzo con el enfermo antes de que se le diagnosticara como infectado de Covid-19. Tras ese almuerzo nunca más volvió a saber de él.

El coronavirus amenaza la vida de los residentes

La noticia que le notificó el empleado sobre los seis muertos era solo una pequeña muestra de la dimensión real de la crisis que vivía el centro. Des de que la OMS anunció que el coronavirus era una pandemia 22 residentes han muerto.

Según El País, al trascender la noticia de los másde 20 muertos en la residencia de Monte Hermoso, la primera señal de alarma de que pasaba algo grave en las residencias, la hija de Don Rafael llamó a la trabajadora social y le preguntó hasta en tres ocasiones si alguien había fallecido con Covid-19.

La trabajadora lo negó las tres veces que le preguntó, pero ni ella ni su padre la creyeron y, el 20 de marzo por la mañana, Don Rafael salió por la puerta del centro. Ella le esperaba junto al coche.

El residente tuvo claro que no quería seguir el mismo destino que sus vecinos y huyó del lugar. «Aunque cerca de los 90 años, con piernas ya lentas y patologías graves, pero con mi cabeza en perfecto estado, no deseo enfrentarme a los momentos finales de la vida, si es que me tocara ya, de la forma en la que muchos, por abandono o negligencia, y en la soledad más absoluta, lo están sufriendo», ha escrito desde el ordenador de su hija.


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