José Antonio, el taxista al que robaron y sacaron los ojos: «Soy un muerto viviente»

El agresor robó la mochila del taxista que contenía la recaudación del día
José Antonio, el taxista al que robaron y le sacaron los ojos | Cedida

José Antonio, un taxista valenciano de 58 años, no sabía que su última carrera sería en la madrugada del 19 de marzo de 2015. Esa noche perdió la vista en los dos ojos y acabó con un síndrome postraumático para toda la vida. «Soy un muerto viviente desde entonces. Lo siento por mis hijos, que son los que me cuidan», declaró en el juicio de la pasada semana.

Aitor T, de apenas 20 años, está acusado de subir al taxi de José Antonio aquel día de marzo en Valencia y clavarle los dedos en los ojos hasta que uno de ellos estalló. La Guardia Civil halló salpicaduras de sangre en el techo sobre el asiento del conductor que correspondían con la explosión del globo ocular, por lo que testificaron el día de la celebración del juicio. El otro ojo no llegó a estallar pero las heridas fueron suficientes como para dejar ciego al conductor.

El suceso de los hechos

José Antonio recogió a Aitor alrededor de las 3.30 horas a la salida de una discoteca en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. El joven pidió que le llevara hasta la localidad de Ontinyent, a 83 kilómetros de Valencia. Debido al alto importe que este trayecto supondría, unos 80 euros, el taxista expresó sus dudas. Sin embargo, Aitor aseguró llevar el dinero suficiente mostrándole la cartera al conductor.

Cuando ya estaban muy cerca del destino, José Antonio se negó a entrar por el camino que le indicaba Aitor y detuvo el vehículo en un polígono industrial. El agresor intentó salir del coche cuando vio que el taxímetro marcaba 97 euros. En ese justo instante, el taxista le agarró del brazo e Aitor saltó directo a os ojos «como un gato». La víctima trató de defenderse, totalmente ciego, mordiéndole el dedo al joven pero éste siguió insistiendo con sus ojos. En varias ocasiones, José Antonio intentó salir del taxi pero Aitor decidió responder con patadas, antes de proceder a robarle la mochila con la recaudación del día.

Según explica el acusado en ‘El Mundo’, afirma haber subido al taxi pero sostiene que el taxista inició la discusión al reclamarle el dinero del trayecto. De hecho, su defensa pidió la absolución alegando legítima defensa. «Le dije que no parara en la carretera, que me llevara a casa y que, cuando llegáramos, le pagaría. Le enseñé la cartera para que viera que tenía dinero y me dijo que no era suficiente, que le diera también el móvil. Al final, dio un manotazo y tiró la cartera y yo intenté huir. Empezó un forcejeo y caímos los dos por el asiento del copiloto», declaró el acusado.

El acusado sentado en el banquillo | Cedida

Falsas lesiones

Piden para Aitor T una pena de prisión de 16 años y una indemnización de 760.000 euros. Los guardias civiles incidieron en que el acusado, al que se le localizó en el hospital, negó haberse llevado ningún objeto del vehículo. No obstante, estos pidieron al padre que les entregara los efectos que tuviese y les dio la mochila del taxista que contenía la recaudación del día: «Creo que nos dio la mochila pensando que era de su hijo. Cuando comprobamos lo que había dentro y que pertenecía al taxista, le detuvimos».

Por su lado, los forenses que habían declarado en el juicio explicaron que Aitor trató de simular una lesión: «No había evidencias de que hubiese lesión a pesar de que se le habían realizado varias pruebas, pero el acusado seguía llevando un collarín, lo que nos hace pensar que pudiera estar simulándola». Posteriormente, los agentes pudieron comprobar que la herida que tenía el acusado en el labio se la hizo su amigo tras una discusión en la discoteca. «Su amigo nos dijo que él mismo le había dado el cabezazo y luego nos lo confirmó otro. Él no nos dijo en ningún momento que había tenido una pelea antes». El taxista, sin embargo, también confirmó lo sucedido, dado que Aitor ya le había contado sobre la pelea durante el trayecto: «Me pareció buen chaval cuando le cogí. Pero luego empecé a ver cosas raras, gestos con la boca y me asusté».