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Silvia, la madre que busca a su hija fugada: «Que vuelva, que no nos haga sufrir más»

Ha dado señales de vida a sus padres para que no la busquen
La menor empezó a cambiar durante su etapa en el instituto | España Diario

 

Silvia, la madre de Ctitlalli, está pasando por uno de los peores momentos de toda su vida. Su hija se ha marchado voluntariamente del centro de menores en el que se encontraba en el Principado de Asturias y no saben dónde se encuentra. Tras varios conflictos familiares, la menor acabó ingresando en un centro tutelado, del que se escapó hace dos meses.

Silvia cree que su hija se encuentra en Amberes (Bélgica), junto a su pareja, un marroquí de 27 años sobre el que pesan varias órdenes de búsqueda y antecedentes. Los agentes de la Europol llevan una investigación para determinar la localización de la menor, según ha contado la madre. Además, las sospechas de que está en Amberes provienen de que la menor le envió un mensaje a la madre: «Ni en todo Amberes había nadie tan guapo como su padre».

«Ni en todo Amberes hay nadie tan guapo como papá», le envió a su madre no hace mucho tiempo | España Diario

 

La principal preocupación de los padres de la menor es que la experiencia al lado de este hombre de 27 acabe muy mal. Hace unos días la menor llamó a su casa, y lo hizo para comunicar que le dejaran hacer lo que quisiera con su vida y que la olvidaran, que jamás iba a abandonar a su novio. La hija de Silvia se había enterado de las noticias de su desaparición y quiso cortarlas de raíz, no quiere que la busquen.

«Al entrar al instituto todo cambió»

«Era una chica introvertida, sin pandilla, muy inteligente. Pero al entrar al instituto todo cambió. Las malas compañías. La cambiamos de instituto, pero todo fue a peor. Cuando la castigábamos sin móvil se desesperaba, como si la arruinaras la vida. Y todo fue a peor», cuenta la madre de su propia hija.

Así, con 14 años ya empezó a coquetear con las drogas —marihuana— y cambió su conducta. Era tal la situación, que los padres se vieron obligados a denunciarla ante la Fiscalía. Tuvo dos opciones: o volver a casa, pero acudiendo a una asociación en la que debían de ayudarla a mejorar su conducta, o ir a residir a un centro de menores. A pesar de escoger la primera opción, no hubo cambios significativos, con lo que acabó siendo trasladada a un centro de menores.

«Solo queremos que viva otra vida, no la que vive. Sabemos que ha estado lavándose en la calle, que las promesas de su novio de un trabajo y buena vida han quedado en nada, pero está cegada. Solo queremos que recapacite, que sepa que eso no es vida. Su novio la tiene engañada, pero ella no lo ve, la tiene a su merced», argumenta la madre, que vive una situación desesperada.