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La mujer asesinada en Monzón (Huesca) recibió 97 puñaladas de su expareja

El primer informe forense detalla la magnitud de la tragedia
Imagen de archivo | Cedida

 

Rockhaya, la mujer de origen senegalés que murió asesinada el pasado domingo en Monzón (Huesca), recibió 97 puñaladas a manos de su expareja sentimental que le provocaron un shock hemorrágico fatal.

Así consta en el informe previo aportado por los médicos forenses del Instituto Medicina Legal de Aragón (IMLA) que realizaron la autopsia al cadáver de la víctima, según publica hoy El Periódico de Aragón.

Los hijos de la pareja vieron la tragedia

El ataque se produjo ante los ojos de los dos hijos menores de la pareja, de 4 y 8 años, que se encontraban en el domicilio en el momento de llegar el presunto agresor, quien se negó a declarar ayer ante la juez instructora que ordenó su ingreso en prisión provisional comunicada y sin fianza.

La multitud de cuchilladas asestadas por el presunto homicida, también de origen senegalés, llenaron el escenario del crimen de manchas de sangre.

Fuentes judiciales consultadas por Efe han explicado que la brutalidad de la agresión, con multitud de cuchilladas en la parte anterior y posterior del cuerpo de la mujer que revelan que trató de defenderse y de huir, pone de manifiesto la frustración y rabia acumulada del presunto homicida.

Perfil de maltratador violento

Una conducta, han añadido, que responde al perfil de un maltratador violento incapaz de asumir la decisión de su pareja de denunciarle previamente por malos tratos y de iniciar una vida propia por separado.

Durante la jornada de hoy, un hermano de la víctima recogía a los dos menores, de acuerdo con el juzgado y la fiscalía, para trasladarlos a Tarrasa (Barcelona) y hacerse cargo de la tutela.

Ingresado en la prisión de Zuera

El presunto homicida, que se acogió a su derecho a no declarar, permanece ingresado en la prisión de Zuera (Zaragoza) a la espera de la finalización de la instrucción del caso, para el que ya se ha ofrecido a la familia de la víctima la posibilidad de personarse como acusación particular.

El asesinato de Rokhaya, que había obtenido un trabajo en las brigadas forestales del Ayuntamiento de Monzón, causó una gran conmoción entre los vecinos de la localidad, que se concentraron de forma espontánea el mismo día del crimen para expresar su repulsa y condenar la violencia machista.

Rokhaya, según testimonios de personas y compañeros que la conocían, tenía como objetivo de vida reagrupar a su familia en España y trabajaba para conseguir traer a Monzón un hijo que se había quedado en su país.