Condenan a una madre a prisión por prostituir a sus tres hijos menores a un vecino, Sevilla

Ningún vecino sospechó jamás de Andrés, pues tenía una imagen intachable
La Audiencia Provincial ha decretado que la madre y el vecino son culpables y deben ir a prisión | España Diario

 

Una madre de la localidad de Las Cabezas de San Juan (Sevilla) ha sido condenada a 40 años de prisión por prostitución de menores y maltrato habitual. La mujer ofrecía servicios sexuales llevados a cabo por sus tres hijos menores a cambio de dinero a un vecino del pueblo, del que nadie jamás sospechó nada. Estos encuentros sexuales se habrían alargado durante diete años, desde 2007 a 2014. El hombre ha sido también condenado a 36 años de prisión.  

Josefa V.M., una madre con una adicción a las drogas, obligaba bajo amenazas y palizas a tres de sus cuatro hijos a prostituirse a cambio de dinero con un vecino de la localidad, un vecino que tenía una muy buena imagen pública, Andrés M.C.

La sentencia la ha llevado a cabo la Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Sevilla, y se ha conocida esta misma semana.

Los delitos

Las agresiones sexuales tuvieron lugar durante siete años con tres de los cuatro hijos de la mujer | Espana Diario

 

Según el fallo, el acusado y condenado tenía entre 68 y 75 años cuando cometió los delitos. Sometía a los menores, de entre 9 y 15 años, a distintas prácticas de carácter sexual en diferentes lugares y siempre con el factor clandestino por bandera.

Entre esos lugares se ha probado que cometió los delitos en la casa familiar del vecino, en su bar, en su casa de campo e incluso en la casa de los menores.

El primer contacto sexual con los menores fue con la hija mayor de Josefa en el año 2007, año en el que la menor tenía 13 años. Según se ha podido saber, la besaba, le tocaba los pechos y genitales por encima de la ropa y una vez la despojó de su vestimenta para tocarla desnuda. Dichos encuentros con la menor finalizaron en el año 2009, dos años después del primer encuentro, ya que la joven de 15 años abandonó el hogar familiar.

Ante esta situación, Josefa optó por ofrecerle a su segundo hijo. Durante un periodo de cinco meses entre los años 2013 y 2014, el hombre recibía al menor en lugares en los que sabía que ningún familiar o conocido iba a acudir: en su casa del pueblo o su chalé de campo.

Cabe destacar que, en paralelo, Andrés también abusaba de la tercera hija de Josefa, de 9 años. Los encuentros se prolongaron, que ella recuerde, hasta los 11 años prácticamente a diario. Finalmente, la niña acabaría accediendo a un centro de acogida de la Junta en octubre de 2014.

De igual forma que con los hermanos mayores, la niña era obligada por su madre a asistir a los encuentros con el vecino, bajo amenazas y golpes. La sentencia dice que Andrés tenía la obsesión de «quitarle su virginidad», y que para lograrlo le ofrecía «regalos».

Se descubre todo

Los dos hijos pequeños se encuentra actualmente ingresados en un centro social para menores | España Diario

 

Josefa fue adicta, desde muy joven, a las drogas y al alcohol. Además, se le diagnosticó una enfermedad mental con trastorno bipolar. Esto hizo que los hijos vivieran abandonados de ella, no los llevaba al colegio ni al médico. Josefa no tenía empleo reconocido.

Todo se descubrió en el momento en el que los servicios sociales de protección de menores de la Junta intervinieron en octubre de 2014. Dos de los hermanos, la tercera y el cuarto (éste último no fue prostituido jamás), se encuentran asistidos por la Junta, la hija mayor abandonó el hogar con 15 años y hoy ya es mayor de edad, igual que el segundo hermano, que tiene 19 años y vive con el padre.

La hija mayor dijo en el juicio que las citas se producían casi a diario. «De siete días de la semana, cinco», dijo la joven en el juicio. También testificó que los encuentros se daban a diferentes franjas horarias; muchas veces a las cuatro o a las siete de la madrugada, previa concertación entre Josefa y Andrés.

Tras ofrecerle el servicio, él les pagaba lo que le tenían que entregar a su madre. «Me daba 20 euros. O 10…, y comida y un paquete de tabaco para mi madre».

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