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Dejan el cadáver de un granadino abandonado durante nueve horas en Islandia

El joven de 33 años falleció de un infarto y su cuerpo fue trasladado en un camión de frutas y verduras
El cuerpo de José Ignacio fue abandonado durant nueve horas en el puerto de Reikiavik | Cedida

 

La familia de José Ignacio está viviendo un auténtico calvario. Este joven de 33 años y natural de la localidad granadina de La Malahá falleció el pasado 18 de octubre en Akureyri, Islandia, pocas semanas después de haberse instalado allí junto a unos amigos para empezar una nueva vida.

 

Sin embargo, a los pocos días de encontrarse en el país, y cuando todavía estaba buscando trabajo, un ataque cardíaco acabó con su vida y dio inicio a una pesadilla para sus familiares, que están intentando repatriar el cuerpo de su ser querido, no sin pocas dificultades en su camino.

 

El cadáver fue trasladado a Reikiavik

Tras el fallecimiento de José Ignacio, fueron sus propios amigos los que «avisaron a las autoridades islandesas para que se hicieran cargo del cuerpo», según cuenta una tía del fallecido a ‘Ideal’. Una vez se autorizó el levantamiento del cadáver, el cuerpo fue trasladado a una morgue de la ciudad de Akureyi.

 

Poco después, las autoridades islandesas informaron a los amigos de José Ignacio que su cuerpo sería trasladado el lunes a Reikiavik, la capital del país. Sin embargo, el cuerpo «salió el viernes sin previo aviso» hasta allí y, además, «lo trasladaron de una forma que no es normal», denuncia su tía.

 

El cuerpo quedó abandonado durante nueve horas

Al parecer, el cuerpo de José Ignacio fue trasladado hasta la capital en la cámara frigorífica de un camión de transporte de frutas y verduras. «A mí me parece indignante, pero la compañía islandesa dice que lleva 30 años haciéndolo así», apunta su tía. Lo peor, sin embargo, todavía estaba por llegar.

 

Y es que la compañía que se encargaba del trasladado «se confundió» y dejó el cuerpo «abandonado durante nueve horas a temperatura ambiente en el puerto». «Hicieron un destrozo llevándoselo a Reikiavik. Se les olvidó al lado de las cajas de frutas y verduras y fue una conocida de los amigos de mi sobrino quien lo encontró», cuenta la familiar del joven.

 

La chica, que trabaja en la misma empresa que realizó el transporte, tenía conocimiento del traslado del cadáver y, al ver una caja sospechosa junto a la mercancía que había en el puerto, se acercó y pudo comprobar que en el interior había un ataúd de plástico con el nombre de José Ignacio y su cadáver. Rápidamente, alertó a sus amigos y el cuerpo fue trasladado finalmente hasta Reikiavik, afectado por las nueve horas que pasó a temperatura ambiente.

 

La familia intenta repatriar el cuerpo de José Ignacio

Ahora, sin embargo, llega la parte más complicada para la familia: poder darle un entierro digno a su ser querido. Pero para ello solo encuentran obstáculos. «José Ignacio no tenía seguro de decesos, por lo que económicamente la repatriación es algo que no nos podemos permitir. Además, su madre y yo sufrimos problemas de corazón, por lo que nos es imposible hacer el viaje hasta Islandia», explica su tía.

 

Además, «la funeraria está tratando fatal a los amigos de mi sobrino, que son nuestras manos en Islandia, quienes están moviendo todo». Según cuenta, a pesar de que están dando «autorización para todo a sus amigos» y «financiando todos los gastos que surgen allí», no dejan de poner problemas.

 

«Al final hemos optado por incinerar el cuerpo en Reikiavik y que los amigos de José Ignacio traigan sus cenizas a La Malahá, donde viven sus padres», cuenta la tía del fallecido. Aun así, «la situación a día de hoy es de incertidumbre, hemos pagado la cremación pero la funeraria dice que está a la espera de una autorización de la policía para hacerlo. No sabemos qué pinta aquí la policía, cuando ha sido una muerte natural y ya tenemos autorización judicial para hacerlo».