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El caso de una niña aparecida muerta en un pozo: «La mataron porque no les dejaba hacer sus cositas por la noche»

La intervención del conocido forense Luís Frontela permitió que se abriera un juicio por asesinato, ya que la primera autopsia dijo que murió de causa natural
Luís Frontela ha trabajado en multitud de casos los últimos 50 años | Youtube

 

A lo largo de una larga carrera forense, como la que ha tenido Luís Frontela durante 50 años, se llega a trabajar en casos que quizá no son tan mediáticos como el de las niñas de Alcàsser pero que si marcan por lo impactante de los mismos. Un ejemplo podría ser el de una niña alemana que fue encontrada muerta en un pozo de la localidad de Ayamonte, en la provincia de Huelva

Frontela, explicaba en 'El Español', que no recuerda exactamente en que año se produjo este crimen. En cambio, su memoria si le permite tener claro que sin su intervención, la madre y el amante de esta se hubieran librado de lo que finalmente fue un asesinato motivado por un hecho tan banal como que la pequeña no les dejaba practicar sexo tanto como querían. 

Una fibra de algodón permitió montar el caso 

El hallazgo del cuerpo de la menor no indicaba en un primer momento que se hubiera producido una muerte violenta. Es más, la primera autopsia que se le realizó indicaba que la niña falleció por causas naturales. 

La pequeña fue encontrada sin vida en un pozo de Ayamonte (Huelva) | EspañaDiario

 

La intervención de Frontela, pero, dio un giro brusco al caso. Aunque tampoco encontró signos de violencia, si descubrió una fibra de algodón en la boca de la niña que, una vez analizada, contenía éter. Esta substancia, utilizada como somnífero, pudo ser la que mató a la menor. 

Finalmente, se pudo demostrar que «en una farmacia de Huelva una pareja alemana de amantes había comprado éter». Eran la madre y el amante que habían decidido deshacerse de la hija de la primera «porque no les dejaba hacer sus cositas por la noche».   

El padre había desaparecido su desaparición 

En un primer momento, los investigadores creyeron que la niña era de etnia gitana pero gracias a un estudio de Luís Frontela permitió llegar a la conclusión que «era de centroeuropa». 

El caso fue puesto en conocimiento de la Interpol y un hombre alemán denunció que «su hija había desaparecido en un viaje de su mujer a España». Las pruebas acabaron demostrando que era ella.