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Ángel Cruz encuentra apoyo anímico gracias a ser entrenador de un equipo de jóvenes con Síndrome de Down

«Me ha devuelto la confianza que yo le daba matando a mi hijo»
Ángel Cruz está pasando por el momento más difícil que muchos podríamos imaginar | España Diario

 

Ángel Cruz, padre de Gabriel Cruz, el niño fallecido a manos de su ex pareja Ana Julia Quezada, ha encontrado algo que le anima a poder continuar hacia adelante en su dolor: es entrenador de un equipo de jóvenes con síndrome de Down en la Unión Deportiva Almería.

Ángel Cruz vivió una de las peores situaciones imaginables para una persona, cuando se descubrió que fue Ana Julia Quezada, su pareja de aquél entonces, la persona que acabó con la vida de su hijo Gabriel Cruz.

Tras conocerse la noticia, la vida se convirtió en un camino de lucha constante consigo mismo, pues ha confesado que lo que sucedió le ha llevado a pensar en el suicidio. Admite que «no me avergüenza decirlo».

Su 'tabla de salvación' anímica contra el dolor por Gabriel

Los difíciles momentos que ha vivido la familia hizo que Ángel no encontrara en ningún sitio una ‘tabla de salvación’ anímica donde poder apoyarse. Hoy la ha encontrado, pues es entrenador de un equipo de 40 personas con discapacidad intelectual. Admite que gracias a ellos ha podido seguir adelante mientras continua reclamando justicia por el caso de asesinato del pequeño Gabriel.

Confiesa que se siente «a gusto, tranquilo», ya que recibe de ellos más de lo que da. «Nos duele muchísimo saber que todo ha terminado para él. Lo que más me duele es que él no sigue creciendo, riendo, jugando con sus amigos… que todo haya terminado para un niño de ocho años porque a una persona le ha dado la gana».

Ana Julia Quezada, asesina del hijo de Ángel y su ex pareja | España Diario

 

Admite que «siento odio y rabia hacia Ana Julia, lo que ella me ha hecho no se le hace a nadie. Me ha devuelto la confianza que yo le daba matando a mi hijo», decía Ángel.

Esta ‘terapia’ le está sentando muy bien a Ángel. Confiesa que su cabeza «le lleva continuamente a pensar qué podría haber hecho yo para evitarlo». Reitera que en sus pensamientos «tengo sentimientos de culpabilidad porque si no hubiera tenido una relación con esa mujer, a mi hijo no le hubiera pasado nada y porque no soy capaz de imaginar que alguien que me decía que me quería y en quien confiaba iba a asesinar a mi hijo esa mañana cuando yo me fui a trabajar».

A pesar de ello, los padres no quieren que el rencor domine sus vidas. «Para que la memoria de Gabriel siga, no nos manejemos en el dolor y en la venganza porque ganaría alguien que no merece la pena que se hable más de ella. No nos quedemos hablando de la atrocidad y el horro de una bruja que hay entre un millón cuando han salido miles y miles de ‘pescaitos’ dando voz a lo bueno. No lo hagamos porque corremos el riesgo de transmitir que eso es lo normal y generar miedos e inseguridad a miles de niños. Es nuestra responsabilidad darle la vuelta y quedarnos con todo lo bueno que ha movido Gabriel».