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Andrés, policía jubilado y ‘okupa’: «No me iré, antes me tienen que matar»

La Dirección General de la Policía Nacional ha enviado una carta de desahucio a todos los inquilinos del antiguo pabellón de policías de Cádiz
Los inquilinos del pabellón de la Policía Nacional de Cádiz serán desahuciados el 17 de agosto | Policía Nacional

 

Junto a las instalaciones de la comisaría de la Policía Nacional de Cádiz hay unos pisos que legalmente pertenecen a la Dirección General de la Policía y en los que han estado viviendo agentes con sus familias durante décadas. Uno de ellos es Andrés, quien fue subinspector hasta su jubilación y vive en esta casa con su mujer desde 1964. Sin embargo, ahora, a sus 82 años, deben irse antes del 17 de agosto por ley.

Al jubilarse, perdió el derecho a vivienda

«Antes me tienen que matar», ha asegurado Andrés para ‘El Español’, «Les va a costar trabajo sacarme de mi casa; porque no lo voy a permitir». «Yo nunca he hecho nada en contra de la ley; ni lo he hecho, ni lo haré», pero para la Dirección General de la Policía es un okupa por vivir en un piso del que debería haberse ido cuando se jubiló.

«Dan a entender, de forma solapada, que soy okupa;  que al no ser ya del Cuerpo, no debo vivir en esta casa». Hace solo tres semanas que tanto Andrés como el resto de vecinos del antiguo pabellón de la Policía Nacional recibieron una carta en la que los citaba en la comisaría, donde les entregaron una notificación en la que se les informaba que les habían abierto un expediente de desahucio por «ocupación sin el correspondiente título que habilite».  

Esto equivale a que «el cese efectivo en el cargo que generó el derecho a la ocupación de la vivienda determina el desalojo de la misma». Sin embargo, Andrés ha argumentado: «De haber sabido que debía dejar la casa cuando me jubilé, habría buscado una vivienda entonces, cuando todavía tenía fuerzas; ahora ya no tenemos opción».

De saberlo, Andrés hubiera buscado otra casa al jubilarse, pero no ahora con 82 años | España Diario

 

Todos deben marcharse antes de 17 de agosto

Andrés quiso ser militar en la Marina, pero al enamorarse de su mujer acabó entrando en el Cuerpo de Policía en 1960. Tras una sucesión de promociones y cambios de destino, pasó una temporada en el País Vasco donde cuenta: «Vivíamos con una intranquilidad constante, nos tiraban bombas al cuartel y cada dos por tres sufríamos algún atentado; si íbamos de servicio, iban a por nosotros, y a más de un compañero lo tuvimos que enterrar» y añade: «He velado a muchos compañeros y despedido a muchos coches fúnebres».

Tras esas vivencias pudo trasladarse a su Cádiz natal donde ejerció hasta jubilarse por problemas nerviosos que le habían aparecido a raíz de su estancia en el País Vasco. «Y este es el pago que he recibido después de toda la vida dedicada a la Policía», reclama Andrés al que esta situación le ha afectado su estado de salud: «Si la cosa dura, ¡que saquen los muebles y me dejen en la puerta! ¿Qué puedo hacer?».

De la misma forma está afectando al resto de inquilinos y a su mujer, quien tiene movilidad reducida y apenas puede bajar las escaleras del edificio. «Estamos fatal», declara ella, «Desde que me llegó la notificación vivo a base de pastillas para los nervios». En su caso cobran una pensión que les permitiría acceder a una nueva vivienda, pero no hay disponibles en la zona: «Tenemos añoranza, no queremos irnos».