Un compañero de residencia abusa sexualmente de una mujer que también está interna en Cádiz

Una empleada ha testificado que no se medicó al hombre aquella noche. Además, la agredida no llevaba el pañal que debía de llevar y cuando se encontró estaba limpio. El centro acusa al sobrino de la víctima de mentiroso
La Guardia civil junto a la Policía Local acudieron al centro tras la llamada de las empleadas | España Diario

 

Encarna respondió afirmativamente, mediante un código, a la pregunta sobre si había sufrido tocamientos en sus genitales. La pregunta se la planteó su familia al día siguiente de que varias trabajadoras de la residencia en la que vive, la encontraran en su cama con vómitos en la ropa, el labio ensangrentado y con lloros. Además, a su lado, en su propia cama había un hombre de 72 años dormido. La residencia se llama Lago de Arcos, en Arcos de la Frontera, Cádiz.

Encarna sufre una enfermedad llamada ‘Ataxia de Fiedrich’. Esta enfermedad está considerada como una variante de la esclerosis múltiple, la cual le impide mover el cuerpo. A raíz de dicha enfermedad, Encarna utiliza un código mediante el cual se puede comunicar con el exterior, si parpadea una vez, su repuesta es afirmativa, si parpadea dos, la respuesta es negativa. La ataxia ha derivado en que no pueda mover las piernas, manos e incluso no puede hablar.

Las iniciales reales de esta mujer son A.M.H. Manchega e hija de guardia civil. Lleva conviviendo con esta enfermedad desde los 13 años, hasta que a sus 46 tuvo que ser internada en un centro especializado dado que tiene un grado del 100% de dependencia. Ingresó en el centro en 1998 y no tiene descendencia, pero sí sobrinos y familia.

Los hechos ocurrieron durante las 23 y 24 horas del 10 de septiembre de 2018. Aquella noche, un hombre que acababa de ser ingresado en el centro un mes atrás, cuyas iniciales son J.L.G.C., pero que en este artículo será llamado como Manuel, le espetó a una enfermera: «Te voy a follar (…) Tengo ganas de echar un polvo». Según los informes de la Junta de Andalucía, Manuel, de 72 años, padece trastornos maníacos, desinhibición sexual, agresividad, brotes psicóticos, demencia, entre otras patologías.

El personal que acudió al centro esa noche le realizó una exploración a la víctima | España Diario

 

Cuando Manuel ingresó en el centro, fue instalado en el pasillo central, la zona en la que habitan los grandes dependientes. Manuel acabó en la cama de Encarna, la cual presentaba un pequeño eritema en la zona genital, según las pruebas que le hizo el médico del 061 que la inspeccionó.

La consternación de la familia es enorme, hasta tal punto que un sobrino de Encarna ha afirmado en medios de comunicación que: «No entendemos cómo ese hombre, con ese perfil tan marcado, pudo estar en la misma área que mi tía. Metieron a una bomba en la residencia. Otro anciano atacó a mi tía. La culpa de lo que sucedió no es suya, ya que ese señor está enfermo. Hasta ahí lo comprendemos absolutamente. La residencia es quien tiene toda la responsabilidad».

La causa ha llegado al Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 3 de Arcos de la Frontera, el cual investiga los hechos. Su máxima en estos momentos es determinar si hubo o no abuso sexual.

Una empelada dice que «no» medicó a Manuel aquella noche

La noche en la que sucedió lo explicado, Manuel se había quedado dormido en la sala en la que hay una televisión y unos sofás. Una cuidadora despertó a Manuel para llevarlo a su habitación y este le dijo: «Te voy a follar», según la declaración de la cuidadora al juez que lleva la instrucción. La cuidadora le reprochó esas palabras, a lo que el respondió: «Es que tengo ganas de echar un polvo».

La empleada declaró que posteriormente lo dejó «acostado en su habitación» y que «no» se le administró la medicación.

Ana Isabel, la cuidadora, continuó con su cometido laboral. Sobre esa hora le tocaba revisar los pañales y proceder a cambiarlos si hacía falta. Sobre las 23.45 horas aproximadamente, se percató de que la puerta de la habitación de Manuel estaba abierta, cosa que no tenía que ser así, y que la puerta de la habitación de Encarna estaba cerrada, cosa que tampoco debía ser así. «Lo normal es que esa habitación estuviera abierta» explicó al instructor judicial.

Ambas enfermeras han declarado que la noche del suceso no medicaron al paciente agresor | pixabay

 

Ana Isabel decidió entrar en la habitación de Encarna y vio que la mujer estaba «con sangre en la boca y vomitada (…) se encontraba entre la baranda de la cama y el colchón, con medio cuerpo metido en el pequeño huequito, mientras Manuel estaba tumbado al lado de ella en la cama».

Tras ver la situación, la cuidadora llamó a una compañera. El centro se puso en contacto con la Policía Local y la Guardia Civil. La familia fue avisada a la mañana siguiente.

Encarna no llevaba el pañal puesto

La enfermera que acudió a la llamada de Ana Isabel, Rocío, declaró que el médico que realizó la inspección sobre Encarna había visto un «eritema suprapúbico» en la zona genital.

También respondió, durante su declaración al abogado de la familia, que el pañal que no llevaba Encarna cuando fue descubierta «estaba limpio», que lo habían «abierto para mirarlo y no había nada».

Según el informe médico, las heridas en la boca, brazos y genitales, además de la afectación emocional de Encarna tras lo sucedido, son compatibles con haber sido empujada contra los barrotes de su cama y con un «probable tocamiento en zona supragenital».

Las investigaciones realizadas indican que Encarna no llevaba su pañal pero que éste no estaba sucio cuando se encontró | España Diario

 

La Junta de Andalucía dio por buenas las prácticas llevadas a cabo por el centro aunque para el sobrino de Encarna no: «Ha cerrado en falso la inspección. No tenía datos suficientes para valorar lo que sucedió, como que ese día J. L. no estaba medicado o que le había dicho a una empleada que quería echar un polvo. Todo eso no aparece en el informe que la Junta tieneDesde la residencia se les ha mentido (…) Además, días antes, ese anciano se metió en la cama de otro hombre, pero en ese caso pudo forcejear».

Los familiares mienten según el centro

José Ángel Aranda, director de la empresa que gestiona el centro, Aura Cuidados, asegura que los empleados de la residencia Lago de Arcos siguieron «estrictamente» los protocolos a seguir aquella noche. De hecho, ha manifestado que «el sobrino de la señora miente, está intoxicando».

Aranda responde con que «seguramente no hiciera falta» a la cuestión sobre si era necesario o no medicar a Manuel aquella noche. Si sobre aquella noche Manuel ya le propuso relaciones a la enfermera argumenta que «La desinhibición hace que digan cosas así. Otros también nos dicen que nos van a matar y no pasa nada. Son personas dependientes que tiene problemas. Hay que contextualizar bien el asunto»

Aranda explica también que cada nuevo ingreso pasa por la zona donde se cuida de los grandes dependientes y que en el caso del presunto abusador se siguió este proceso antes ubicarlo en otra área.

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