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La 'Venecia africana' ​​pierde su batalla ante un océano Atlántico creciente

Saint-Louis, la antigua capital colonial de Senegal, se enfrenta a una amenaza de inundación y ya ha visto aldeas enteras perdidas en el Atlántico

Los franceses eligieron 'Saint-Louis' como la capital debido a su ubicación estratégica, que permitió que la ciudad floreciera en la época colonial. Pero hoy la "Venecia de África" ​​está siendo devorada por las crecientes aguas. Al cruzar el puente Faidherbe, que conecta el colorido centro de la ciudad con el continente, parece que casi se puede tocar el agua. Este estado de alerta de inundación permanente se ha convertido en la nueva normalidad de la ciudad.

 

El caso de Venecia, llevado a un nivel extremo

En Saint-Louis, las consecuencias de la crisis climática son tangibles: miles de personas desarraigadas; casas destruidas; cientos de niños que asisten a clases por la tarde en lugar de por la mañana porque su escuela ha sido arrastrada al océano. El Banco Mundial, que recientemente asignó 24.000 millones de euros para combatir los efectos del cambio climático en Saint-Louis, estima que 10.000 personas en la ciudad ya están desplazadas o viven a menos de 20 metros de la línea de flotación, zona de alto riesgo.

 

Según un estudio encargado por el gobierno senegalés, esto es sólo el principio ya que el 80% del territorio de Saint-Louis estará en riesgo de inundación para 2080, y 150,000 personas tendrán que reubicarse. La mayoría de las ciudades costeras de África occidental, donde viven 105 millones de personas, enfrentan una amenaza similar. Mangone Diagné, cabo del ministerio de medio ambiente de Senegal, lo expresa sin rodeos: «Saint-Louis está rodeado de agua y es increíblemente vulnerable al cambio climático. Pero el daño fue causado tanto por la naturaleza como por los hombres».

 

Negligencia de los ingenieros

Diagné se refiere a un error de ingeniería, que contribuyó al deterioro. En 2003, las fuertes lluvias causaron que el río Senegal se elevara rápidamente, poniendo a Saint-Louis en riesgo de inundación. Como solución rápida, el gobierno local cavó una brecha o canal de cuatro metros de ancho, cortando la Langue de Barbarie. El efecto ha sido el opuesto al previsto. Aunque al principio el nivel del río cayó, la brecha rápidamente comenzó a expandirse. Ahora tiene 6 km de ancho y ha cortado parte de la península, convirtiéndola en una isla.

También ha alterado el delicado equilibrio del ecosistema local. El canal trajo agua de mar al río, aumentando su nivel de salinidad. Esto ha afectado a la población de especies raras de aves y peces de río, lo que ha obligado a los pescadores a aventurarse en las aguas mauritanas, lo cual es peligroso e ilegal, así como a eliminar los cocoteros y manglares que alguna vez protegieron las costas. Los cultivos locales, ya desestabilizados por temporadas de lluvias irregulares y tormentas de arena, sufrieron daños adicionales.

 

El océano finalmente retrocedió, dejando una escena de devastación. En el contexto de muros derrumbados y edificios medio destruidos, el presidente francés Emmanuel Macron visitó en febrero de 2018 y prometió 15 millones de euros adicionales para construir un malecón para proteger la infraestructura restante. Pero en abril de ese año, una parte del malecón se había derrumbado, dejando que el océano se hiciera cargo. Gracias a la financiación, la ONU, regresa una vez al año al lugar donde se encontraba su antigua aldea y planta árboles. Espera que los manglares y los filaos, una especie exótica de pino, puedan detener la destrucción de la costa.

 

 



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