Teresa Romero, la primera contagiada del ébola en España, rompe su silencio

La enfermera, que ahora trabaja en la farmacia del mismo hospital, ha recordado lo dura que fue su estancia
Teresa Romero, la primera contagiada del ébola en España, ha roto su silencio tras 5 años | Cedida

«Fue duro, pensaba que me iba a morir y hubo un momento crítico en el que incluso les dije a los compañeros que me ayudaran a morir, pero luego ya lo que pensaba era salir, salir y salir, mi idea era esa, era mi único pensamiento», así reflexiona Teresa Romero sobre el infierno que vivió hace cinco años tras contagiarse del ébola y su estancia en el Hospital Carlos III de Madrid.

En una entrevista que ha concedido a EFE ha recordado los peores momentos de su vida, que tuvieron lugar al convertirse en el foco mediático el otoño del 2014. Romero relata que temió mucho por su vida pero que le ha servido como una lección: «De todo se aprende. Sobre todo, aprendes a seleccionar, vas dejando atrás lo que no te aporta».

Actualmente trabaja en la farmacia del mismo hospital en que ejercía; sin embargo, ahora lo hace «en un puesto adaptado» porque «por salud laboral» se vio obligada a pedir el traslado. Físicamente, asegura encontrarse bien: «Al principio se me cayó el pelo y estaba muy cansada pero me he recuperado bastante bien, estoy mejor de lo que podría pensar». No obstante, psicológicamente, no fue tan sencillo. «La situación me generó tristeza, no entendía muchas cosas, estaba muy perdida, sentía mucha oscuridad», recuerda Romero, y es que según explica le generó además «muchas secuelas psicológicas» por las que tuvo que recibir terapia «hasta hace poco».

Lamenta la distorsión y mediatización de su persona

Además sufrió un shock al salir del centro médico y ver que la entrada del hospital era el plató de televisión de todos los medios de comunicación, ya que mientras permaneció ingresada no pudo usar su teléfono ni ver la televisión. Asimismo, desconocía que era portada en los periódicos y que distorsionaron la realidad: «Parecía culpable por haberme contagiado, fue todo muy falso, muy inventado para tapar no sé qué». Fue lo más duro para ella  porque no se imaginaba que su acción —haber atendido voluntariamente a los religiosos— jamás se convertiría en un cargo de conciencia.

Olvidada tras cinco duros años de recuperación, se entristece al admitir que nadie de los que antes se preocuparon le han vuelto a llamar: «Nadie de la Administración, nadie que esté en los despachos. En cinco años, silencio absoluto».

Comentarios
Jose
Desde aquí te mando mi apoyo humilde, Teresa, no dudo que te utilizarán para tapar una chapuza típica de la administración de nuestro querido Pais. De todas formas eres de las pocas personas que puede decir "me contabilidad de ébola y he sobrevivido". Lo siento mucho por tu perro, otra chapuza más.
Susana
Mujer Valiente hay muchos ,que hemos pedido a. Dios te pongas buena