Pablo Lucena, el guardia civil que tomó un giro radical: «Dios me pidió un cambio de planes»

Desde el año 2002 actúa de sacerdote en diferentes territorios de nuestro país
En el año 2002 fue nombrado sacerdote en Huesca | Youtube

 

Pablo Lucena era un guardia civil con vocación desde la infancia, pues creció en una familia en la que el abuelo era militar y el padre guardia civil. Desde pequeño tuvo claro que quería seguir los pasos de la familia, y decidió emprender el camino del padre. Fue agente durante diez años, pero a los 30 años dejó el uniforme y el tricornio para coger el hábito y la cruz, a día de hoy es sacerdote desde el año 2002.

Lucena nació en Baena (Córdoba) en el año 1968. Pasó su infancia y parte de su juventud cambiando de aires muy a menudo. Iban de una ciudad a otra a raíz de las obligaciones laborales de su padre: «Era divertido. Una vez en Valladolid, nos regalaron hasta una oveja», cuenta al medio ‘El Español’.

El sacerdote cumplió 10 años bajo el régimen de la Guardia Civil | vidanuevadigital.com

 

Explica que pasó mucho tiempo trabajando para lograr su objetivo: aprobar las oposiciones y pasar por la academia militar. Estuvo, durante su formación, dos años en Zaragoza y otros tres en Aranjuez.  Finalmente se licenció: «Salí en 1993. Entonces, nuestros destino eran el País Vasco y Navarra. Yo acabé en Álava, como teniente», comentaba. Pero no terminaron los traslados: «Después me destinaron a Algeciras y estuve otros tres años como teniente jefe a cargo de las oficinas de prensa y el Servicio de información».

«La llamada del Señor»

Pablo dejó el cuerpo tras 10 años dedicándose a ello | Youtube

 

Cuando cumplió los 30 años surgió la posibilidad de marcharse a Roma, la cual no desaprovechó tras «la llamada del Señor». Pero la conexión espiritual entre Pablo y lo divino había nacido mucho antes: «A los 15 años, recuerdo que un amigo me planteó hacerme de la orden religiosa. ‘Estaría bien que hablaras con Jesús delante del sagrario y le preguntaras’, me dijo. Lo hice y me pareció bastante probable», recuerda. Cuando tuvo 18 años se adentró en esa orden: «Tu función es la de dedicarte a cultivar y a transmitir los valores y dar formación».

En el ofrecimiento de ir a Roma, iba incluida la posibilidad de iniciar los estudios de teología en el seminario. Fue entonces cuando decidió dejarlo todo, es decir, su vida de guardia civil, para adentrarse en algo que le atraía aún más: el sacerdocio. Tras pasar tres años en Roma, decidió lanzarse a la piscina: «Le dije a monseñor Javier Echevarría, prelado de esa orden religiosa en ese momento, que mi entrega a Dios quería ser total, incluso por delante de mi vocación profesional. Tras sopesarlo con calma fui nombrada sacerdote el 1 de septiembre de 2002 en Torreciudad (Huesca)», explica.

A día de hoy se encuentra en la Iglesia de San Juan del Hospital: «Ahora, también por la edad, tengo más tiempo para leer, estudiar...».