Muere el karateka Ricardo Barbero a los 35 años

El 22 veces campeón de España falleció a causa de un infarto
El karateka falleció debido a un infarto | RFEK

Trágicos momentos para el mundo del karate. Ricardo Barbero, que fue dos veces subcampeón de Europa, bronce Europeo y 22 veces campeón de España en la modalidad de kumite (+84kg), ha fallecido este fin de semana a los 35 años de edad, víctima de un infarto.

Su padre lo recuerda como un gran competidor. Hubo un año en el que ganó el título cuatro veces: individual, por equipos, en el Campeonato de Clubes y en el Open que se celebraba a nivel nacional en ese entonces.

Miguel Ángel López, su maestro y entrenador desde que era pequeño, recordaba a ‘Richi’ con mucho cariño: «Nadie golpeaba como él». «Él y todos los que le queríamos, todos los que apreciábamos su sonrisa, su -en ocasiones- socarronería, sus ganas de vivir y de comerse el mundo... Todos estaban, estábamos, estamos, conmovidos. Porque cuando un amigo se va, algo se muere en el alma», explicaba.

«Era todo corazón»

Su compañero de gimnasio y del Equipo Nacional de Kumite desde que los dos eran pequeños, Javier Badás, asegura que se le ha ido «un hermano». «Era todo corazón. La cabeza no la utilizaba ni para pelear; era todo pundonor y tirar para adelante, y no le tenía miedo a nada», rememora el 26 veces campeón de España.

Badás recuerda también el «año y pico» que Barbero se fracturó el codo y dejó de competir. Poco después volvió con mucha más fuerza: «Golpeaba como un animal, porque era muy fuerte». De hecho, sus compañeros le llamaban de forma cariñosa «pecho palomo» por el enorme pecho que tenía.

Ya en categoría cadete, Ricardo se proclamó subcampeón de Europa. Después llegó el subcampeonato de Europa Senior en Atenas. Más tarde, en 2011, consiguió el bronce continental en el Europeo de Zurich.

El 7º DAN de karate y también compañero de gimnasio de Barbero, Ángel Gómez, no podrá olvidar la forma en que el fallecido ayudaba a las nuevas generaciones de karatecas. «Fue un gran competidor, allá donde los haya, y lo más importante era que supo ayudar a los más jóvenes», rememora su amigo y compañero del alma. Según relata, Ricardo les ayudaba, los motivaba, les «enseñaba» a adaptarse y a formar parte del equipo, valores imprescindibles en el deporte.