Fuerte polémica: Crean un sistema para cambiar el clima a su antojo...¡Y funciona!

Un nuevo estudio ha confirmado que el uso de la siembra de nubes incrementa la nieve que puede producirse naturalmente, con una eficiencia superior hasta el 50%

Imagen de una tormenta severa sobre una ciudad
Según un nuevo estudio, la siembra de nubes ayuda a aumentar las precipitaciones | Archivo

Un estudio pionero con radares ha confirmado por primera vez que la siembra de nubes ayuda a aumentar las nevadas. La científica Katja Friedrich y miembros de su equipo, de la Universidad de Colorado Boulder, han sido los responsables de medir con precisión el volumen de nieve producido a través de la siembra de nubes.

El estudio empezó en enero de 2017, cuando al oeste de Idaho nevó suavemente después de usarse la siembra de nubes, una técnica que consiste en mezclar pequeñas partículas en la atmósfera para tratar de generar más precipitación de la que normalmente podría caer.

Esta práctica está volviéndose cada vez más popular en Estados Unidos, en lugares como Idaho o Colorado para satisfacer sus crecientes demandas de agua. El problema es que esta técnica es difícilmente de medir, así que sus resultados no estaban del todo respaldados, pero parece que eso empieza a cambiar.

Ilustración de como funciona la siembra de nubes
Ilustración de como funciona la siembra de nubes | Twitter

¡Sí funciona!

 El estudio se centró en monitorear tres intentos de siembra de nubes en la cuenca de Payette de Idaho a principios de este año. Con el uso del radar y otras herramientas, los investigadores rastrearon el penacho de siembra hasta que la nube generó nieve. Gracias a la siembra, durante los tres intentos, se llegaron a acumular el equivalente a 282 piscinas de tamaño olímpico por vapor de agua.

La idea de la siembra de nubes es simple: convertir el vapor de agua liviano en gotas pesadas. De este modo, las gotas de agua comienzan a congelarse alrededor de los aerosoles, formando nieve. Según los resultados, las estimaciones de nieve adicionas apuntan entre el cero y el 50%. 

«Apenas había nieve suficiente para aferrarse a las pestañas de los investigadores. Pero fue el agua lo que, de no ser por la siembra de nubes, se hubiera quedado en el aire. Si no hubiéramos sembrado estas nubes, no habrían producido ninguna precipitación», resume Friedrich.


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