Cristina y Raúl, enseñan español en EE.UU entre el zumbido de las balas y el frío extremo

Tras cinco años, deben volver a sus lugares de trabajo en España
La pareja de docentes ha recibido un galardón muy importante en Estados Unidos | @SpainEdOffice

 

Cristina de la Fuente y Raúl Medina son dos profesores españoles que se embarcaron en un programa de educación en Wisconsin (Estados Unidos). Llegaron a tierras americanas en el año 2014 y, tras cinco años, ahora deben volver, pues su estatus es de profesores visitantes.

Antes de regresar, pueden decir con satisfacción que han sido los mejores profesores de Wisconsin en 2019, cuyo honor acredita el premio Crystal Apple Award y han obtenido. Es la primera vez que dos profesores visitantes logran este importantísimo galardón en tierras estadounidenses.

España

Raúl y Cristina se conocen de años atrás y mantienen una relación muy estrecha, tan estrecha que desde el año 2006 son pareja. Se conocieron en el Centro de Adultos de Buitrago de Lozoya, cuando ambos eran profesores interinos. La pasión por la docencia es lo que les va a traer de vuelta a España con el galardón de docencia bajo el brazo.

En el año 2009, Raúl accede a desarrollar su carrera profesional en el CEIP Infanta Leonor, en San Agustín del Guadalix, tras haber aprobado unas oposiciones como profesor de lengua inglesa. Un año después accede al centro escolar, previo paso por las oposiciones, Cristina. Ella accedió como profesora de Física y Química.

Tras tiempo pensándolo, decidieron intentar lograr plazas como profesores visitantes en Estados Unidos. Así, en 2014 Raúl es aceptado como profesor visitante y es destinado a Wisconsin. Poco después se uniría Cristina, tras lograr su permiso de trabajo.

Las primeras dificultades

Tanto Raúl como Cristina han transmitido muchos conocimientos culturales a los niños a los que educaban. La escuela americana a la que accedieron es una escuela situada en uno de los barrios más desfavorecidos de la zona. Recuerdan que lo primero que le preguntaron al llegar al centro fue su raza. Tras cinco años allí, los padres de los alumnos y los propios niños han escrito cientos de cartas de recomendación para que se pudieran quedar en la comunidad.

El primer día de colegio «Fue durísimo y un caos. Todo era diferente, no estás acostumbrado a nada. Los padres entraban en tu clase y se te quedaban mirando. Lo normal es que cada padre tenga el teléfono personal del profesor. Y que se pasen por el aula para ver un día de clase», comentan.

Además, cabe destacara que en la zona en la que se enseñaban, en invierno puede llegar a los -45 grados. Ante todas estas dificultades, en lugar de amilanarse, se han hecho fuertes apoyándose entre ellos y en los alumnos.

Zona pobre, pero muy buena

En su amplia mayoría, la comunidad latina de la zona son refugiados o indocumentados provenientes de Honduras o Nicaragua. La pobreza socio-cultural y económica es la tónica general entre su alumnado. Se han dado cuenta de que mucha parte de ellos tienen miedo, miedo a ser deportados.

A lo largo de estos años, Cristina y Raúl cuentan que han escuchado zumbidos de bala cuando han salido con los pequeños al recreo. Explican que las escuelas realizan un simulacro en los que se llevan a cabo las medidas de seguridad a realizar en caso de que haya alguna persona armada tanto fuera como dentro de la escuela. La obsesión que tienen es que en cuanto entren por la puerta, puedan evadirse de esas sensaciones y que se sientan seguros y felices.

Las clases albergan entre 15 y 19 alumnos. Aprenden a través de la lectura y de los ejercicios escolares. El método para enseñar lo decide el distrito y se perfilan hasta las actividades y juegos que se llevan a cabo en las aulas. Los niños no repiten, pero los profesores están muy vigilados. Cada tres años el director evalúa al profesor.

Trump

Han sido los primeros profesores en obtener el galardón en régimen de visitantes | nbc15.com

 

Las políticas en contra de la inmigración de Trump son un hecho dentro de las fronteras americanas. La jornada en la que ganó las elecciones, hubo un minuto de silencio en el colegio. Así, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas llegó a la comunidad, y con ellos en la zona dejaron de asistir a clase un gran grueso de los alumnos y padres.

Todos se escondían en sus casas y sótanos por miedo a ser deportados. «Se nos partía el corazón al ver que nos faltaban la mitad de nuestros alumnos en los salones. Todos estaban escondidos como si hubieran cometido un crimen, el crimen de luchar por un futuro mejor. Al segundo día los profesores nos organizamos para ir a las casas de las familias a llevarles comida y explicarles que nos íbamos a encargar de los niños para recogerlos por las casas por las mañanas y dejarlos al final del día. El día que el ICE se fue, la ciudad recuperó a sus ciudadanos» explican.

La suma que aporta el español

«Cuando cruzas el océano, el español une, suma, te acerca y te da la oportunidad de compartir y comunicarte. Nunca resta, nunca genera conflictos y todos los hispanoparlantes lo hablamos con el máximo orgullo», dicen.

Para ellos tener una clase perfecta significa no tener más de 15 alumnos, un aula con espacio para que hayan diferentes zonas de trabajo. Leer, jugar y disfrutar mientras el cerebro absorbe.